HASTA LUEGO, HARRY!!

Que conste que te conocí tarde, Harry, cuando ya llevabas tres libros de vida en el mercado. Había visto tus portadas, si, y había leído sobre ti y sobre tu creadora (Que si era prácticamente una homeless con no sé cuantos churumbeles a sus espaldas y que te paría en cafés donde se metía para no pasar frío… todo muy Dickens y sin saber qué es verdad y qué inventado) pero no te conocí de verdad hasta que te recomendaron fervorosamente y prácticamente me obligaron a leer tus tres primeras aventuras. Y me enganchaste, pero me enganchaste cosa mala. No podía dejar de pasar paginas y, durante apenas una semana, respiraba y comía como cosas que debía hacer para poder seguir leyéndote. Me pareciste fresco, como nuevo a pesar de que sonabas a muchas cosas y que también a veces eras el personaje más débil de las tramas. Había un torrente de imaginación, de buen rollo, y ese malvado Voldemort insistiendo en volver una y otra vez solo para que tu echases por tierra sus planes. Había gente que odiaba en tus libros, claro, porque  jamás pude tragar a Hagrid, que me parecía un imbecil y deseaba con todas mis fuerzas que le mataran. Ah, por cierto, también me aburrían sobremanera tus eternas partidas del Quiddicht persiguiendo las pelotitas de aquí para allá, pero era un mal menor. Si que es cierto que en el tercer libro, El Prisionero de Azkaban, me defraudaste un poco, pero no era culpa tuya sino de tu autora que ya empezaba a mostrar cierto desgaste y que enseñaba sus cartas con demasiada facilidad… Es que eso de que por dos y tres veces en la novela te pusieras la capa invisible y estuvieras en el sitio adecuado para escuchar justo lo vital en ese  momento… pues que me pareció un poco tramposo. Pero aun así, con la promesa de los siete libros, me regodeaba con la espera.

Y llegó tu cuarto libro, el Cáliz de Fuego. Y tampoco pude dejar de pasar paginas, me encerraba en el trabajo para saber qué más ocurría, cual era la siguiente prueba, hasta dónde podrías llegar. Tu autora había salido de la crisálida, había encontrado su camino y nos regalaba a todos, pero especialmente a ti, un libro apasionante. No tengo que decir que lo compré el mismo día que salió, y que guardaba mi primera edición como oro en paño… Hasta que se me ocurrió dejárselo a cierta persona que lo maltrató tanto que, al devolvermelo, ya no era tu primera edición sino la quinta o sexta porque me compró un reemplazo… Y aun ella se preguntaba porque me cabreé tanto.

Así que de vuelta a la carretera solitaria sin ti, esperando esa Orden del Fénix que debía ser la releche después de un soberbio Cáliz de Fuego. Pero lo que no sabía yo en ese momento es que con tus aventuras del cuarto libro, tu autora ya estaba pagada de si misma y su fuente de ideas se agotó y colapsó sobre si mismo. Ay, Harry… La orden del Fénix. Tu creadora debería haber hecho un ejercicio de autocrítica antes de dar luz verde a ese tomo de 900 paginas. Huelga decir que me lo leí en apenas dos días, porque la jodia autora escribe bien y muy ágil. Pero la verdad es que leer tu quinta aventura era un tostón, como ver crecer la hierba en tiempo real. Había muy buenos momentos, cierto, incluso el final estaba guay aunque no moría justo el que yo deseaba… Pero esos momentos y ese final eran como oasis en el desierto. Aun así, yo esperé tu siguiente libro: El Príncipe Mestizo.

Y, en fin, era como volver a tener amigos a pesar de que todo sonaba como a ya visto. Tu creadora había aprendido de sus errores, sabía utilizar la elipsis, sabía mantener el suspense… Incluso la trama iba como un cohete y uno se quedaba con ganas de mucho mas, tal como debe ser un buen libro, una buena película o un buen comic. Ahora sólo quedaba el final, el  broche de oro, el fogonazo que precede a la oscuridad. Según tu creadora, tu epilogo final, ambientado años después del final del libro, era como muy conmovedor, y decía que, posiblemente, no llegarían todos vivos a la culminación de la saga. Diosss, cómo me comía las uñas. Y si el libro se vendía a las 18:30, a las seis y cuarto estaba dando vueltas por la tienda, bajo la mirada mosqueada de la vendedora y el segurata. Pero es que no podía más, tenía (DEBÍA) saber qué cojones te ocurría con esas reliquias de la muerte de las que tanto se hablaban en el príncipe mestizo. Y lo supe.

Y qué sensación más agridulce, que momento mas irregular cuando llegué al final, que pensamientos de… Qué coño!!. Tu ultimo libro empezaba genial, como el cohete mas cohete del príncipe mestizo, muertes, oscuridad, soledad… Todo estaba ahí ante mis ojos. Pero luego empiezas a perder el rumbo, quiero decir que lo perdió tu madre por ti, en un cenagal de paginas que no conducían a ninguna parte, de tramas desaprovechadas, de momentos en los que la historia no sólo no avanzaba sino que descorazonaba. Y qué pasó al final? Pues que tu madre, y la madre de todos, no debió ser consciente de lo que tenía entre manos, fue condescendiente con sus personajes y se dejó llevar por los topicazos más absolutos. Y de ahí mi sensación agridulce: Si, no está mal, pero no es lo que yo esperaba como final. Suele ocurrir muchas veces, sabes, pero es que esta no te la perdono.

Y respecto al famoso epilogo: Se lo podía haber metido tu autora por donde le cupiera. Así que aquí he llegado ahora, y no puedo dejar de pensar como llegaste a tu culmen en los cuatro primeros libros y te dedicaste a planear hacia el suelo en los tres últimos. Y mi lista de favoritos será: Cáliz de Fuego, La Cámara de los Secretos, El Príncipe Mestizo, La Piedra Filosofal, El Prisionero de Azkaban, Las Reliquias de la Muerte y La Orden del Fénix.

Pero, en fin, han sido años sin perdida, han sido esperas emocionantes y eso siempre nos quedará, no?

Además, tengo contigo la deuda pendiente de leerme de un tirón todas tus aventuras. Así que esto no es un adiós, Harry, sino un hasta luego.

Besos y tal de un Muggle que te quiere.

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