Tokyo 4 Lonja de Pescado

Pues Tokyo a las cinco y mucho de la mañana ya empieza a tener vida, y cada vez veíamos a más japoneses con mascarillas, una autentica epidemia la de aquí. Fuimos cogiendo trenes con el pase del JRP y luego comprando billetes. Pero entre unas cosas y otras llegamos a la lonja a las siete y pico, cuando ya habían subastado los peces, los crustáceos y todo lo que habían traído los pescadores. El lugar era un hervidero de acción: Gente limpiando pescados, camiones cargando y descargando, gente que iba a hacer la compra. Gritos, mucho hielo derritiéndose, peces ahogándose a tu alrededor… Y un huevo de turistas como nosotros. Por si fuera poco, el día se había despertado frío de narices y allí dentro aun era más frío. Yo iba de un lado a otro viendo como troceaban peces congelados o, peor, que aún estaban vivos, viendo cangrejos a los que habían rebozado para freír pero seguían moviéndose dentro de sus cajas, anguilas culebreando en cajones…

Era un puto infierno, porque al mismo tiempo tenías que esquivar a un montón de gente y a pequeños e infernales vehículos de transporte de una sola persona. Total, que sentí mucha pena por todos los peces y seres que estaban allí atrapados. Y me dije: Si es que los humanos somos lo peor, sobramos de la tierra, debería volverme vegetariano.

Pero la costumbre dicta que después de ver la lonja te vayas a desayunar sushi a los bares que hay en un pequeño mercado. Estaban todos los bares hasta la bola, y había una cola del tres. Se puso a llover y al final, después de casi tres cuartos de hora esperando, nos pudimos meter en uno de los bares. Veíamos al cocinero/camarero hacer el sushi y el Sashimi a toda ostia, y nos dieron sopa de miso y un te verde para calentarnos. La comida de allí estaba de puta madre… Pobres peces, ese día aún no me hice vegetariano.

Levantándose a las cuatro y pico, las once de la mañana te parecen las dos de la tarde. Y acabamos en los jardines del palacio imperial. Pensábamos que se podría entrar y demás, pero no… Aun así, el sitio era muy chulo con sus muros de piedra y su foso y, de fondo, inmensos y modernos edificios de oficinas. Turistas a reventar, pero nosotros también éramos turistas.

Un parón en un centro comercial donde estuvimos investigando y jugando con los botones del retrete. Este suelta un chorro de agua, este regula la intensidad, este la temperatura… y este ultimo reproduce el ruido de la cisterna… Sólo eso: Hace de ruido de cisterna.

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