Himeiji

Himeji es una ciudad más, grandes paseos, parques, edificios altos, centro comerciales que crecen bajo bóvedas y que se entrecruzan. Lo único destacable es el palacio, inmenso y que se tarda tres horas en recorrer. Pero ya estábamos hartos de visitar sitios. Además, como hacia bueno, y había cerezos en flor, allí ocurría lo mismo que en todas partes esos últimos días: Ponían lonas en el suelo y a beber y comer. Hola, Himeji, adios Himeji.

Retorno a Tokyo. El nuevo hotel es “occidental” y no hay nada destacable, no hay tatamis, no hay que descalzarse, no hay ofuro… Dios, qué sosos son los hoteles occidentales una vez has conocido los Ryokan. Lo único que llama la atención es que hay pequeñas pantallas donde poner un dedo y dispersar toda la electricidad estática que lleves encima.

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