Kyoto 2 Palacio Imperial – Inari

Buenas. Siguiendo con el viaje. Nos levantamos pronto, sobre todo yo que llevo los horarios alterados. Nos sentamos a desayunar en el hotel.
EL problema surge cuando les decimos a los camareros que vamos a desayunar en el hotel aunque no tengamos contratado el desayuno. Literalmente: Se Vuelven locos. Vamos a desayunar allí?  Nos preguntan la habitación varias veces y tenemos que volver a explicarles que lo carguen en la cuenta de la habitación. Lo mismo nos pasa todos los días que desayunamos en el hotel.
Nos vamos al palacio imperial de Kyoto y nos ponen un video explicativo sobre el palacio y todo eso, la de miles de veces que ha ardido, que por eso se han prohibido los fuegos artificiales en Kyoto… A mi estas visitas no me aportan nada, así que cuando empieza la visita guiada, paso de la guía (que según Carmen es de Tokyo porque las de Tokio caminan con los pies hacia dentro y llevan zapatos de tacón, mientras las de Kyoto llevan zapato plano… Observaciones de mujer) y me dedico a hacer fotos porque es como visitar el escorial. Eso si, cuenta una historia graciosa cuando llegamos al jardín del palacio: Aquel era el jardín del sake, ya que el emperador dejaba un barco de papel con un vaso de Sake en él, y el barco flotaba corriente abajo mientras una serie de poetas intentaban crear un poema, y el primero que lo hiciera se llevaba el sake. Una versión cultural del botellón.

Hace un día cojonudo aunque anunciaban lluvia. Aun así, para evitar el frío del día anterior, me he puesto doble camiseta. Pasamos por la estación de Kyoto y pillamos los boletos para el viaje a Hiroshima. Ya sé que lo dije en Tokio pero es fascinante que en la mayoría de las estaciones, suenan como politonos. Algunos son adictivos. Nos vamos a la estación de Inari, que está muy cerca de Kyoto. Inari es famoso por sus montes y por su cientos de miles, literalmente, de Toris, portales sagrados. Cada uno tiene su inscripción, que supongo que serán los nombres de los que los pagaron. Asimismo, hay pequeños templos de piedra salpicando el camino, con figuras de Zorros, llevando una especie de babero de tela. La mayoría tiene muy buen aspecto, señal que sus propietarios se encargan de ello por su honor (Esto es teoría mía) .

Empezamos la subida, hay un montón de gente. Nos purificamos en los “abrevaderos”. Los toris son rojo brillante y crean pasillos que serpentean a un lado y otro, se bifurcan. Tiene un punto hipnotico caminar por a.C. Eso si, el problema es que son los primeros metros y está lleno tanto de la gente que ha ido a hacer la ruta de unas 3-4 horas como de la gente que ha ido a hacerse las fotos de rigor y que no avanza mucho más.

Hacemos un alto en el camino para comer un poco de fruta y unos dulces que nos dejaron las camareras en el hotel y que están bien buenos. Para comer elegimos un sitio apartado en medio de un bosque de bambúes. Es mi primer bosque de bambú y, como mínimo, me resulta impresionante: Troncos gruesos que se elevan, se entrechocan, se mecen con el viento… Si no fuera porque cerca hay un colegio de niños y gritan como becerros, uno comprendería todos los misterios del universo.

Seguimos avanzando toris arriba, parece que esto no se acaba nunca. Cada tori debe pertenecer a alguien o a una familia o algo así. Hay algunos de piedra, de aspecto muy antiguo. Otros están parcialmente dañados, puede que podridos por la humedad. Cuando uno de esos toris se rompe es reemplazado por otro, que lleva las mismas inscripciones. Nos encontramos a un hombre “dibujando” en negro las letras grabadas en uno de los toris.

La fila de toris continua, asciende, serpentea. A los dos lados de la fila de toris se puede ver el bosque, la vegetación. Hay un montón de árboles que están cortando porque crecen peligrosamente sobre la fila de toris, amenazándola. Poco a poco vamos dejando Kyoto abajo, es una ciudad más grande de lo que parece. De vez en cuando, a un lado de los toris, hay escaleras de piedra que llevan a un conjunto amontonado de pequeños templetes de piedra, cada uno con su pareja de zorros, de mayor o menor parecido (Algunos parecen chihuahuas o bulldogs); hay un montón de toris pequeños, toris de mano que venden en las tiendas que hay salpicadas a lo largo de camino, que son colocados en esos templitos. Todo es como muy cuco y tal, pero supongo que es una especie de Lourdes o cualquier mega templo religioso: Tú compras tus velas, tus toris. En el fondo, toda religión es mercadería, sólo cambia el envoltorio y si esto nos parece chulo es por la novedad.

José Miguel, Carmen y yo siempre nos decimos: Venga, un poco más, que estamos a punto de llegar. Hay incluso un parón en el camino y parece que se ha acabado todo, un camino baja mientras dos suben. Decidimos coger uno de los que suben, pensando que es el último tramo. Seguro. El camino sube y sube, los toris continúan sin cesar, alguno que otro ha sido eliminado, Kyoto sigue bajando. A estas alturas de vez en cuando nos cruzamos con alguien, o con una excursión escolar que avanza fila de toris abajo y que parece como si el pasillo se inundase. Nos hacemos a un lado y les dejamos pasar. Algunas veces nos encontramos tiendas de souvenirs, de bebida y comida que aprovechan a los visitantes agotados; me pregunto si esta gente vivirá aquí o no, porque es un coñazo subir y bajar todos los días y, además: Cómo suben las bebidas y comidas hasta aquí?? Misterio al canto.
Hay un montón de gente mayor que sube la fila de toris, supongo que será su forma de mantenerse sanos y prolongar su longevidad. Qué envidia, porque a mi me duelen las piernas un huevo.

A base de cabezonería, llegamos a lo alto de la fila de toris. Hacemos fotos de los mapas de las rutas y los estudiamos para orientarnos: Aquello no tiene ni pies ni cabeza. Así que cogemos un camino y acabamos viendo un cartel de “Salida” que, al cabo del rato, nos lleva a una de las intersecciones anteriores, pero igual de altos que antes. Tiene un aire a los Escher: Caminos de toris que acaban llevando al mismo punto. Más fotos a los mapas y Carmen, que es capaz de orientarse en uno, acabas descubriendo que la ruta de vuelta es una que sigue ascendiendo.

La verdad es que el paseo es tan relajante, y como no tenemos prisa, podemos perdernos un poco más.

De regreso a la estación de Inari, hay que decir que la visita ha sido espectacular. Es lo peor de Japón, cada cosa me parece aun más chula que la anterior.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Japon, Mi Vida. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s