Kyoto 3 Nishiki – Tienda Ghibli – Shakura

Vuelta a Kyoto, vamos a un mercado que nos han recomendado, el Nishiki. Preguntamos a una japonesa que no tiene ni idea de ingles, pero que se aparta de su ruta y comienza a caminar a toda ostia para llevarnos. Una vez nos deposita allí, le damos muchas veces las gracias y desaparece en dirección contraria, de nuevo la demostración del carácter amable y complaciente con los turistas.

Nishiki es una larga calle, cubierta por una cristalera de colores, que tiene un montón de puestos a un lado y otro. La mayoría de los puestos son de comida y nos entra una hambruna brutal. Tienes sushi hecho, sushi para preparar; fritangas variadas, tiendas de chucherias. Cosas de esas. Todo es como muy novedoso y nos gustaría comprarnos todo, pero nos pillamos unas bolsas de aperitivo japonés y un par de bolas de fritanga que llenan pero no dicen mucho.

Tras una reunión con el resto de la gente, y una nueva desintegración, yo me voy con el grupo que va en busca de un templo que, por suerte para mí, se encuentra cerca de otra tienda Ghibli.  Pasamos por la zona de Gion, que son calles pequeñitas a un lado y otro, mucho comercio, muchísima vida. Hay que reconocer que Kyoto es más visible que Tokyo, que exige mucho más a uno.

Frente a nosotros aparece el templo que vamos a ver, esta lleno de gente que sube y baja las escaleras. Según lo que yo había visto en internet, la tienda estaba por allí… Como la mente es engañosa, yo miraba a un lado y otro, buscando imágenes que me indicaran la tienda y de repente: Allí está!! A unos 200 metros. Veo el escaparate, es la imagen de la niña pequeña de Totoro. Mi hermano no ve nada y se lo señalo: Allí. Como a ellos no les apetece nada ir a la tienda, se van al templo mientras yo corro a la tienda con el corazón desbocado. Y cuando llego descubro que la tienda Ghibli es un lugar de comida rápida, pero… Y el póster de la niña de Totoro??? Me quedo de piedra al verlo: Es el póster de dos geishas sosteniendo un par de platos de comida!!! Si señor, la mente te hace ver lo que quiere. Y la mía me la ha jugado pero bien.

Tengo dos opciones: Buscar la tienda preguntando,  lo que no me apetece después del exitazo de Kamakura; o darme por vencido y buscar a José Miguel, Carmen y Cristina. Prefiero hacer esto y cuando llego al templo veo miles de personas por todas partes. Todos haciéndose fotos. Diooooss, que canguelo, cómo voy a localizarles… Pero de pronto aparecen frente a mí y me encomiendo a todos los dioses habidos y por haber. Y qué hace allí toda esa gente comiendo en el césped. Como son bastante mas cuidadosos que nosotros, han puesto lonas de plástico en el suelo y comen y beben encima. Están los jóvenes haciendo botellón. Otros que parece que se van a quedar a pasar la noche porque están metidos en sacos de dormir y leen libros, hay grupos de señores mayores que comen sushi y brindan con sake. Hay decenas de puestos que ofrecen comida y bebida. Y nosotros no entendemos nada. Más tarde nos dirán que era la fiesta del Cerezo. Ya comprendo muchas cosas, porque toda esa zona estaba llena de casetas y de mogollones de coches que iban a una fiesta de lujo, y que amenazaban con atropellarte.  Y ahora entiendo porque esa pareja de adolescentes tan ñoña me pidieron que les hiciera una foto y se sentaron bajo un cerezo, yo les hice la foto recortando el cerezo y pusieron un poco de mala cara y me pidieron que repitiera la foto con TODO el árbol.

De vuelta al hotel. Un ofuro rápido y a salir a cenar a un sitio típicamente japonés: Pequeñito, con una barra alrededor de la cual se junta la gente que escoge su comida en una maquina, cogen el ticket y lo dejan en la barra. El sitio es barato aunque deprimente. El como el cuadro famoso de Hooper de la cafetería, pero a la japonesa. El menú que me he pillado consiste en un poco de ensalada, un bol de fideos fríos en salsa desconocida y un bol de arroz a la occidental con carne y algo que parecen huevos revueltos por encima. Y pienso: Oh, dios, estos me van a matar. Pero luego resulta que está bien bueno. Lo único malo para Carmen es que la gente sorbe los fideos con mucha sonoridad, algo que aquí es normal pero resulta extraño para nosotros.

Nos vamos a la cama a las diez menos diez porque no podemos con el alma.

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