Kyoto 5 Templos – Ghibli – Ultima Tarde

Bueno, pues ya empezamos el último día en Kyoto: Hoy tocan los templos de la ciudad.

Primero nos pillamos el bus. El sistema de pago es curioso pero muy resultón: Se paga al salir echando las monedas por una ranura. El peso de las monedas determina su valor.

Hay un montón de templos en Kyoto, así que tienes que determinar que zona quieres ver, y cuantos. Hacerlos en un día no sé si será posible, pero si agotador.

Vamos al primer templo, subiendo por una callejuela estrecha y llena de tiendas para el turisteo. Nos vemos rodeados y desbordados por grupos de turistas llevados por una guía. Escuchamos todo tipo de idiomas mientras los “click, Click” de cientos de cámaras suenan a nuestro alrededor. Aun así, si uno consigue abstraerse a la gente y al ruido, encontrara edificios muy bellos, rodeados por naturaleza y corrientes de agua. El mejor momento en este primer templo es cuando voy por un camino que me aleja del edificio principal y me lleva dando un camino junto a un bosque y luego me devuelve a la parte de abajo del bullicio, en una enorme fuente de purificación en lal que todos se hacen fotos.

Salimos del primer templo y vamos callejeando por calles pequeña que descienden en grandes escalones. No es hasta este momento que me doy cuenta de que, aunque me quejaba el primer día de que lo de lo almendros y cerezos de Kyoto era exagerado, estaba equivocado. Hay por todas partes. Incluso hay callejuelas que parecen nevadas por todas las hojas que han caído al suelo.

Encontramos una pagoda en nuestro camino y vemos un inmenso buda cerca de allí. Lo seguirnos y descubrimos que no es un templo, sino un monumento a los soldados desconocidos caídos en la segunda guerra mundial. El templo lo localizamos siguiendo los autobuses de turistas. En este segundo templo paso de entrar, tengo una misión más importante: Localizar la tienda Ghibli de Kyoto. en plan Misión imposible, mientras el resto se patea el templo, voy corriendo de un lado a otro, mie3ntras doy vueltas al plano en mis manos. Al final rompo mi vergüenza y empiezo a preguntar a los japoneses. Estos me llevan de un lado a otro, mientras yo cruzo los dedos para que me de tiempo. Es más por cabezonería infantil que otra cosa. Bajo otra de las calles en cuesta y pequeñas. Los turistones ya se han levantado y, en masa, han tomado todo el lugar. de pronto mis ojos se cruzan con unos ojos y una sonrisa conocida: Es Totoro!!!! He encontrado la tienda, y como veo que tiene lo mismo que la de Kamakura, pide lo que quiero, pago y salgo corriendo.

Si tuviera que volver a esa tienda el sistema sería más fácil. En la subida al primer templo que fui, el Kiyomizu Temple, es la primera calle escalonada que hay a la izquierda. Y no es una tienda Ghibli tal cual, sino que es una especie de tienda de ropa que, en un rincón, tiene las cosas de Ghibli.

Regreso al templo a tiempo de verles salir. Toma ya!

Tercer templo, el que estábamos buscando dos tardes antes, en mi primera búsqueda de la tienda Ghibli. Como cuando llegamos a la zona estaba la fiesta del cerezo y era de noche, no fuimos capaces de ver que estábamos al lado de dicho templo. Una gigantesca puerta de madera nos da paso a unas escaleras enormes y flanqueadas por árboles. Todo es muy impresionante, muy para el recogimiento pero con tanta gente es básicamente imposible. Lo único que recoges son papeles del suelo en todo caso… es curioso pero apenas vemos papeleras en Japón pero todo esta bastante limpio, excepto algunos momentos de la fiesta del cerezo. Nos descalzamos y entramos en el templo, luego nos calzamos y damos vueltas por los alrededores hasta localizar la campana que pesa no sé cuantas toneladas y que para hacer sonar se necesitan 17 hombres. el tiempo está medio estropeado y el hambre empieza a actuar, así que nos vamos a la fiesta del cerezo y nos sentamos en una mesa. Pedimos algo de beber y vamos pidiendo todas las cosas que nos parecen extrañas y queremos probar: Una salchicha gigante, bolitas de pulpo, pescados a la brasa, frutas caramelizadas, fideos fritos.

Esta saliendo el sol y aprovechamos para dejar de lado los templos y buscar un sitio más alternativo: El camino de los filósofos. Esta un poco a tomar por saco, pero merece la pena… O merecería si no fuera porque el sitio esta en auge por los almendros y esta hasta .a bola. Se trata de un camino que discurre junto a un canal, y en sus orillas hay un montón de cuidada vegetación, sobre todo almendros. Hay un camino marcado y uno va paseando bajo los almendros, supuestamente pensando, pero ocurre igual que en el templo y el pensar es un poco chungo.

Luego nos tomamos un capuchino en las orillas del río y nos separamos: Unos van a seguir el camino hasta terminarlo mientras otros se van de compras. Yo soy de este último grupo y nos vamos a la zona de Gion, que es de las más conocidas.

Allí volvemos a separarnos y yo me voy a comprar tebeos y música. Un gran momento. Luego me bajo al río y empiezo a caminar junto a el. Es una gozada en plan tranquilo, paseando y escuchando música. Pero hay que volver al hotel, hay que ser parte del grupo.

Un ofuro y estoy que me caigo de sueño. Todos estos se van a cenar mientras yo me voy a dormir.

Echaré de menos este hotel. Me encantaba bajar aquí de madrugada, saludarme con los recepcionistas y ponerme a escribir completamente solo. Que me encendieran las luces de la recepción sólo para mi y que los recepcionistas y yo estuviéramos tranquilos durante una o dos horas.

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