Mijayima 2 Noche

Los ciervos campan a sus anchas. Y cuando comienza a caer el sol los ferry se van llevando a los los turistas y, por fin, sólo quedamos los turistas de los hoteles, lo lugareños, los ciervos y los monos, estén donde estén.

Después de la cena damos un paseo hacia el Torii porque queremos hacerle fotos de noche. Como nadie se atreve a bajar a la orilla del mar voy solo y desciendo con un grupo de japoneses, capitaneados por una señora mayor vestida con kimono y que ilumina el camino con una linterna. Ellos y yo llegamos junto al torii y la señora comienza a contarles una historia épica, por sus altos y bajos en los tonos de voz, por sus pausas dramáticas… Y por los aaaa y oooh que sueltan todos. Dice algo muy alto y señala al suelo. Y es cuando vemos que la marea está subiendo y alcanzándonos. Momentos de gente que va y viene, niños corriendo para un lado a otro. La vieja sigue contando su historia, llegando a un momento álgido mientras a mis pies, el torii comienza a reflejarse en el suelo. El agua avanza tan lentamente que el reflejo es calmo, parece que hay un segundo torii allí abajo. La anciana termina su historia y todos, incluido yo, aplaudimos.

Regreso al mundo real, con el resto de la gente, nos quedamos allí viendo como sube la marea y como al final el reflejo del torii ya se mueve demasiado. Es entonces cuando nos planteamos que tenemos que subir al ryokan y que hay que ponerse en marcha. De pronto un coche nos intercepta: Es el tío del ryokan. Que llevaba toda la tarde buscándonos. Pensaría que nos había pasado algo malo porque nos vio marchar a la una y pico y ya son las nueve y algo.

Está muy nervioso. Llama al móvil: Nos ha encontrado!!

Nos sube a toda ostia y en la puerta está la típica matriarca japonesa, que nos mira con cara de malas pulgas y nos pide silencio porque hay gente durmiendo. Nos descalzamos en la entrada y vamos a nuestras habitaciones. La mujer nos pide silencio y que nos quedemos en nuestras habitaciones porque hay una mujer embarazada en el lugar.

Entre susurros nos preparamos para ir a dormir y le digo a Carmen que el sitio mola mucho, y que en el cuarto de baño el retrete cibernético tiene un mando a distancia. Ella responde que si a todo, si no fuera porque nos han mandado a la cama y no nos dejan salir del cuarto.

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