Mijayima 3 Despedida

Nos levantamos y nos preparamos para marcharnos. Antes doy una vueltas por los alrededores, como estamos en el monte, sólo se escucha el río y los ciervos están empezando a bajar. La dueña del hotel, la señora mayor que nos mandó a la cama el día anterior, no nos quita ojo y está deseando perdernos de vista: Somos muchos, ocupamos mucho sitio en el coche. Nos hacen bajar a algunos andando porque con el equipaje, el coche va raspando. Vemos Miyajima despertando y mola mucho: Ha vuelto a bajar la marea y el torii está sobre tierra firme, y a pesar de ser las ocho de la mañana ya hay gente dando vueltas a su alrededor y haciéndose fotos. En el camino al ferry nos cruzamos con los primeros turistas y los que van a sus puestos de trabajo, los ciervos ya están dando vueltas por aquí pero como no están en plan rapiña son hasta simpáticos, incluso hay unos cuantos bañándose en el mar y jugando entre ellos… vale, nos reconciliamos con ellos.

En el ferry tiene lugar uno de esos momentos en los que los japoneses se rascan la cabeza y parece que hay muchas cosas en el universo que no entiendes (En el hotel de Kyoto, por ejemplo, a uno casi le da un infarto cerebral cuando le dijimos que íbamos a pagar por habitaciones separadas en vez de todas juntas), y es que pasamos tres de nosotros al muelle y, según lo hacemos, se cierra la barrera y no dejan pasar al resto. Antes de llegar al Ferry nos detienen con otra barrera. No hay avance ni retroceso, a los que están más allá de la barrera no les dejan pasar porque el ferry va a salir… Y por otro lado, para entrar en el ferry, solo estamos nosotros tres y un coche. Algo anda mal. Y cuando voy a hablar con los de otras, la señorita de la esa barrera pone gesto de preocupación y me hace señas para que me quede allí, en su barrera. Digo que nones y vuelvo junto al ferry. Parece ser que mi presencia dando vueltas es motivo de preocupación, porque empieza una ronda de llamadas entre las barreras hasta que, por fin, piensan que podemos ir todos juntos y abren la barrera.

El ferry de vuelta muy tranquilo, hace un día hermoso y sin viento. La isla queda detrás nuestro.

Me ha gustado Miyajima, mucho.

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