Tokyo 7 Asakusa – Día Final

Hay que aprovechar el día, nuestro ultimo día. Como estamos en el barrio de Asakusa, que se precia de ser un barrio muy clásico y lleno de comercios, nos vamos a ver el conjunto de templos cercanos que, como no, se acaban mezclando con un mercadillo. Ha sido volver a Tokyo y el tiempo se ha ido a la mierda, así que pedimos en el hotel que nos dejen un paraguas y nos lo dan con una sonrisa y extendiendo la mano: 300 yenes. Bueno, está tirado así que sin problema. Además, ya tenía yo ganas de tener un paraguas como los que llevaba días viendo: Completamente transparente; son los que llevan los señores mayores por aquí, se los calan hasta los hombros y así no se mojan, ven todo a su alrededor y amplían su radio de influencia porque se te llevan por delante a la mínima de cambio.

Pues nada, empezamos mercadillo arriba y mercadillo abajo. Luego del mercadillo vemos esos centros comerciales/calles/ciudad que he encontrados muchas veces en estos días: Un montón de tiendas que ofrecen todo tipo de servicios: Peluquerías, tiendas de ropa, cafeterías, restaurantes, tiendas de electrodomésticos. Son como un pequeño laberinto, un pequeño bazar limpio y lleno de gente (Después de varios días en Kyoto y Miyajima, se me había olvidado la de gente que hay en Tokyo).

Dejamos Asakusa, pasamos por el hotel para soltar las bolsas y nos vamos a visitar la zona cercana del hotel, donde nos han dicho que hay calles enteras de comercios que ofrecen esos versiones de plásticos que reproducen con increíble fidelidad los platos de comida que ofrecen; los hay en cientos de miles de escaparates. Como no lo encontramos nos vamos al cercano barrio de Ueno, una autentica gozada. Un barrio comercial que se abre a los dos lados y bajo las vías del tren elevado. Mucho local de Pachinko por aquí. Quiero probar pero el tiempo apremia y nadie me acompaña. Lo apunto en el debe porque no entiendo en qué consiste ese juego en el que echas bolitas de metal que van cayendo: Qué consigues? Qué ganas??? Que alguien me lo explique.
Yo quería ir a Shinjuku para volver a patearlo y luego darme un salto a Kabuchiko, pero llueve y no hay muchos ánimos y solo me da pereza, así que nos vamos a despedirnos de Akihabara. Aprovecho y entro en las tiendas de comics y dvd que ocupan seis, siete plantas. Es pasar la puerta del primero y pensar que estoy en otra dimensión: Gente subiendo y bajando, cientos de miles de cosas, de rincones de figuras de todo tipo, plantas enteras dedicadas a los mangas eróticos, otros infantiles; una esquina homenajea a Final Fantasy XIII. Ruido, mucho ruido, y música cada pocos pasos. Un caos sensorial que pasa factura a los sentidos, porque uno ya no sabe dónde meterse, qué buscar. Te deja la cabeza como corcho.

Siguiendo a unas lolitas acabo en la primera planta de un lugar dedicado exclusivamente a la maquinas esas con pinzas para coger premios. Una escalera de caracol me hace bajar a una inmensa sala de videojuegos y, buscando la salida, doy de lleno con una planta sótano que huele a vicio: Muñequitas atadas, vestidas de doncellas, desnudas. Dvd’s con japonesas ofreciendo cualquier parte de su cuerpo y mucho artilugio para juegos eróticos.

Entramos en una espiral de compras innecesarias para ir acabando con los yenes sobrantes.

De regreso al hotel. Adiós Akihabara y adiós calles altas y llenas de luz, imágenes y sonidos.

Me pongo a hacer el equipaje: Dios, he comprado demasiadas cosas para el equipaje que llevo. Los consejos de un amigo: Tirar toda la ropa, tirar las cajas de los muñecos y los cd no me molan. Quiero llevarme todo!! Pero al final, con dolor, acabo dejando alguna bolsa y alguna caja en la papelera de la habitación. La culpa la tienen los tíos esos de la tienda de ceramica de la mañana… Lo envolvieron tan bien que ocupan un huevo. Podría sacarlo de su caja, si, pero no quedaría tan bien cuando lo entregue. Joer.

La ropa sucia no la tiro, pero la utilizo para envolver un montón de cosas. Mi bolsa de equipaje ha doblado su tamaño y tiene el mismo aspecto que yo cuando estoy gordo reventón.

Antes de irnos a la cama, la visita a un bar de sushi con cinta corredera: Tengo un hambre que me comería todo, pero cuando ves un plato de carne (Carne en un bar de Sushi??) dando vueltas una y otra vez, sin nadie que se lo lleve, literalmente, a la boca piensas que mejor dejas eso; es como ver una maleta abandonada en un aeropuerto… Al final el plato de carne desaparece misteriosamente: Lo han quitado de en medio para no cansar al personal o alguien se ha atrevido a darle un mordisco?. Hay otros platos, en cambio, que ves aparecer al otro lado de la cinta corredera y los sigues con la mirada, cruzando los dedos para que nadie se los lleve. Pero siempre hay algún listo que se lo pilla antes que tú. Aun así, la caza es abundante y salimos contentos.

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