OUTCAST

Más que Outcasts se podría haber llamado Galáctica 2.0, ya que todo su primer capítulo podrían decirnos que se desarrolla en Nueva Caprica y hubiera colado: Grupo de colonos en un paisaje inhóspito, mucho juego doble, la chica, el chico, la jefa científica, tensiones entre militares y civiles… Y por si fuera poco, en el segundo capítulo ya tenemos a Julius Berger, nuestro Doctor Gaius Baltar, pero que desde el principio ya ha visto la luz religiosa que a Baltar le costó alcanzar tres temporadas.

Hay visos de crueldad y dureza en el primer capítulo, hay retazos de cosas interesantes en algunos episodios… Pero el problema es que la serie no acaba de arrancar nunca, la mitad de cada episodio, precisamente la historia principal del capítulo, parece que gana tiempo hasta que pasan las cosas verdaderamente importantes. Y a partir de la sexta entrega se apunta un camino, pero la serie está dañada de muerte.

Se pueden encontrar guiños al Crónicas Marcianas de Ray Bradbury en los últimos capítulos, cuando una fuerza que vive en el planeta y ve a los humanos como insectos peligrosos, adopta la forma de seres humanos tanto vivos como muertos; recuerda a aquel capítulo de las Crónicas cuando los astronautas terráqueos llegan a Marte y descubren que es el cielo, y que allí viven todas las personas muertas a las que querían… Sólo para acabar sabiendo que son los marcianos que han tomado esas imágenes de sus mentes.

Y el problema de Outcasts, además de su ritmo casi nulo, es que la mayoría de los personajes están allí para hacer su aparición y poco más, apenas interesan. El conflicto con los clones militares que fueron expulsados del poblado está expuesto una y otra vez, y el líder de los clones es un tipo curtido con cara de mala hostia que solo avisa, avisa, y nunca hace nada… Tío, haz algo!!!. El capitulo del primer hombre que puso un pie en Carpathia, que así se llama el planeta en cuestión, es de los más interesantes por sus elementos místicos (el planeta tiene vida, es sólo que no sabéis verla) pero, como todo en esta serie, apunta y nunca dispara.

Reconozco que me gustan las músicas tristonas, casi elegiacas, pero la música llorica de Outcasts me acababa aburriendo soberanamente porque era un hermoso tema central repetido una y mil veces, lo que añadía su granito de arena al cansancio que generaba cada capítulo de la serie.

Y el final abierto para una segunda temporada que nunca verá la luz. Casi mejor así, la verdad. Lo mejor? Que Sudáfrica, donde se rodó la serie, es hermosa de narices.

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