THE VAMPIRE DIARIES T3

Fue en la tercera temporada cuando True Blood me enseñó sus cartas marcadas: Si no tienes nada interesante que contar, con que metas sexo y cuajarones de sangre lo arreglas todo.

Aunque vaya de serie menor por el público al que va dirigida, The Vampire Diaries parece la hermana pequeña y bastante más aventajada de los vampiros de Bom Temps, en la que True Blood podría mirarse: Continuamente reinventándose, aunque este camino la acabe agotando. Algo de lo que ya está dando muestras debido a la acumulación en pantalla de seres sobrenaturales que van apareciendo: Vampiros, hombres lobos, vampiros de vampiros, híbridos entre hombres lobos y vampiros, brujas y ahora un personaje que a veces ve muertos. Como se puede ver, la cantera de posibilidades se va reduciendo. Además de que Mistic Falls puede presumir de ser el pueblo con más celebraciones y fiestas del mundo mundial (por lo menos una cada dos capítulos)… Además de tener el mayor número de adolescentes desaparecidos en extrañas circunstancias.

Si algo hay que reconocer a guionistas y creadores es saber relanzar personajes como hemos visto pocas veces: Si en el principio de la segunda temporada cogían al personaje de Caroline, uno de los peores de la serie, y la convertían en un personaje atractivo y capaz de atraer la atención sobre ella, la misma jugada se repite sobre el personaje de Tyler Loockwood, quien apareció ya en el primer capítulo y que andaba dando vueltas y bandazos por la serie. Pues ahora lo tenemos en primer plano después de una limpieza y abrillantado por parte de los guionistas.

Al igual que pasó en el principio de la segunda temporada, el cliffhanger del final de la temporada anterior da la entrada a una “minisaga” que coloca las piezas de la nueva temporada en su sitio. Y aunque en la unión entre la temporada 1 y 2, esto funcionó a la perfección, esta nueva entrega empieza lenta, cansina, a pesar de que se buscan nuevos aires y parte de la historia se traslada primero a las montañas y luego a Chicago… Nina Dobrev, la protagonista, sólo tiene dos registros: De chica buena haciendo de Elena y de chica Mala haciendo de Katherine. Lo mismo se puede aplicar a Paul Wesley como Stefan Salvatore. Es lo que yo llamo el síndrome de David Boreanaz, quien sólo tenía los registros de Angel/Angelus en Buffy The Vampire  Slayer.

Pero llega el capitulo quinto y todos los personajes se unen, incluyendo los nuevos y los antiguos remozados, en una más que interesante historia cuenta atrás que redefine la posición de los dos hermanos protagonistas y sienta las bases para lo que está por venir… A partir de este capítulo, y sobre todo en el desaprovechado Ghost World, la serie va manteniendo el pulso.

Y la última entrega antes del paron obligatorio en el rodaje, Homecoming, funciona como bisagra cerrando todo este primer bloque como si de una sola temporada se tratase y preparando el camino para una nueva parte que al  mismo tiempo funciona como un bloque independiente. En este capítulo tenemos de nuevo un enfrentamiento entre buenos y menos buenos (porque ya no se sabe cuál es la frontera entre unos y otros) con la típica intriga de planes, recontraplanes, planes alternativos, recontraplanes alternativos… Que funcionan pero que ya da la sensación de visto, sobre todo porque es lo mismo que ocurrió en el quinto capítulo y allí lo hilaban bastante mejor. Alguna sorpresa de cara a la galería y su obligatorio y funcional cliffhanger para terminar el capitulo. Ahí es nada.

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