FALSO FANTASTICO

Hay películas que uno debería olerse, después de leer el guion, que son un desastre, que no hay por donde agarrarlas y que lo mejor que se podría hacer con esos guiones es encerrarlos bajo llave en algún sitio donde puedan dormir el sueño de los justos.

Hay películas en lo que lo único fantástico es que se hayan rodado.

Campamento Flipy es una de esas películas. Basándose en un personaje supuestamente gracioso gracias a su aparición en un programa televisivo y a los tics de ese personaje en sus monólogos, tenemos una película que roba malamente de todas partes y ni siquiera consigue algo mínimamente interesante.

Ya desde el principio, el campamento de humoristas al que van los protagonistas, huele a los Simpson y a ese gran capítulo de Campamento Krusty. Aquí cambiamos payasos por antiguos humoristas de televisión y ya tenemos montado el circo… Pero el problema es que el protagonista principal, el Flipy del título, es insufrible y muy mal actor incluso cuando es dibujo animado en el prologo y epilogo de la historia. Nada en la película llama la atención, y eso que tienen un buen diseño de producción. Pero los robos, a varias manos si leemos la lista de guionistas, son continuos: Regreso al futuro (con la aparición del coche, el DeLorean), the Jetmans (esos dibujos animados, esos diseños del futuro), Indiana Jones (en una secuencia eterna y ridícula, porque no aporta absolutamente nada a la historia, en la que los protagonistas van vestidos de Indiana Jones, Tapón y Willie Scott), y a un personaje ocasional del Doctor Slump de Akira Toriyama (El personaje de Eloy Yebra es exactamente igual que el Spock de uno de los números)… Algún destello ocasional de Carlos Areces haciendo de el mismo, puede salvarse, pero se pierde en medio del mar de aburrimiento que es Campamento Flipy, y qué decir de esa secuencia supuestamente graciosa en la que unas chicas empiezan una pelea de almohadas y acaban teniendo una pelea de mocos verdes y pegajosos… Mejor olvidarla para siempre.

Y tres cuartos de lo mismo podríamos decir de Verbo, opera prima de Eduardo Chapero Jackson, supuesto director que en sus cortos bucea en temas controvertidos como la anorexia o la eutanasia pero que, realmente, esconden una simple mirada oportunista.

Y allá donde Campamento Flipy invocaba el espíritu gamberro y ochentero de uno, Verbo apela a los sentimientos, a la poesía, a la búsqueda de la belleza de la juventud de un barrio de extrarradio… Y todo para acabar convertida en una película aburrida, sin ritmo, sin alma y muy, pero que muy, pedante.

Empezamos con el suicidio de un japonés, que esta película aspira a ser internacional, con un par de planos del barrio de Akihabara en Tokio. Luego saltamos a una ciudad dormitorio cualquiera, llena de edificios iguales y sin alma… Y luego conocemos a Sara, la aburrida y plana protagonista de aspecto andrógino, una rebelde inconformista y skater con interés cero tirando a negativo. A Sara se le van apareciendo extraños graffitis que parecen mandarle un mensaje de parte de un graffitero llamado Liriko. Bueno, así contado parece algo interesante pero, la verdad, no interesa nada.

Porque cuando Sara, después de un suicidio poético y rocambolesco, que consiste en poner un  montón de espejos en el suelo del patio y luego saltar hasta darse el ostión y matarse (es o no es retorcido hasta más no poder??) pasa a una especie de submundo en el que Liriko y sus colegas de nombres estúpidos como Foco, Medusa y Prozak (por qué van vestidos como guerreros de Mad Max o Matrix, y llevan espadas samurái si no las utilizan para nada??), intentan ayudarla a salvarse pasando distintas pruebas. Aquí un punto en contra del director/Poeta/guionista: Por qué reúnes a un montón de personajes si luego no tienen nada que hacer sino poner cara, correr y morir cuando le llega el momento. Macarena Gómez tiene apenas tres frases y Adam Jezierski ni eso… Vale que este último es un mal actor, pero dale una frase por lo menos, hombre!! Y Miguel Ángel Rodríguez como Liriko, hablando en verso, ya es para mear y no echar gota.

La inanez de la protagonista, lo ridículo de las pruebas, lo estúpido de todo, los diálogos rimbombantes, el tonillo de poesía barata, impiden que uno se involucre lo más mínimo en la historia. A veces está muy bien rodada, no vamos a negarlo, y sus efectos especiales son de primera, pero Verbo no es una colección de postalitas sino una película que quiere llegar al publico… Y ahí fracasa estrepitosamente.

Eduardo Chapero Jackson podría dedicarse a escribir poesías para adolescentes emo, pero no a dirigir películas.

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