EL ARTE DE MORIR

Alvaro Fernández Armero fue, hace años, el “trovador” de la generación treintañera de finales de los años ochenta y principios de los noventa, contando sus aventuras y desventuras amorosas; así que resulta extraño ver una película de género fantástico en su filmografía… Pero de algo hay que comer.

Un grupo de jóvenes, uno de ellos desaparecido, un secreto oculto. Bueno, muy novedoso no resulta. Si a ello añadimos que en el momento de su estreno coincidió con dos películas como Los Otros de Alejandro Amenábar y El Sexto Sentido de M. Night Shyamalan en los que, como en esta película, los protagonistas estaban muertos y no lo sabían, nos encontramos con la cabeza de playa de las películas que, en los años siguientes, explotarían el elemento “Ignoro mi condición” y que era tanto el Está Muerto Y No Lo Sabe, como El Está Loco Y No Lo Sabe, y todas sus variables.

Pero así como Los Otros y El Sexto Sentido jugaban con la baza de la muerte como giro final, en El Arte De Morir vemos más elementos del Abre Los Ojos, también de Alejandro Amenábar y sobre todo de esa película pequeña de resultados grandes que es Carnival Of Souls de Herk Harvey.

Ya centrándonos en la película, los resultados son modestos, correctos, tirando a torpes y que dan lugar a una película aburrida. La dirección de Armero es funcional, supongo que debido a que sus películas anteriores iban de gente con problemas sentimentales y aquí tenemos a un grupo de personajes que no hay por dónde agarrar, de los que apenas sabemos nada y a los que no se le puede coger cariño.

El guión es deslavazado, secuencia tras secuencia, y los elementos de terror y de apariciones fantasmales, sus apuntes de extrañeza que en Carnival… daban un aire surreal a la narración, aquí  no aportan nada a la cuesta abajo. Hay algunos elementos que salvan la función, la muerte de Lucia Jiménez en el coche con la llamada que recibe antes de morir, o la conversación entre Gustavo Salmerón y Fele Martínez cuando se da una explicación a todo lo que les ocurre… Pero son atisbos de algo que podría haberlo hecho todo más interesante.

La mayor parte del problema es su bajisimo nivel actoral. Tanto ellas como ellos no ponen mucho de su parte para salvar el naufragio, todos son fríos, inexpresivos, y tan sólo Emilio Gutiérrez Caba ayuda un poco con su episódico papel de comisario de policía.

Fernández Armero, por su parte, dirige con el piloto automático dejando claro que él está allí por el dinero y no por lo que está contando… Y acaba dando la puntilla al producto.

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