SITGES 2012 (1 de 7)

Pascal Laugier da el salto a Estados Unidos después de su terriblemente aburrida “Saint Ange” y ese  “Martyrs” que tanta tinta ha hecho correr. Y paga el precio por ello. La historia es sencilla: En un pueblo deprimido tras el cierre de una mina, están teniendo lugar extrañas desapariciones de niños y todo el mundo habla de la leyenda de El Hombre Alto que se lleva a los niños por razones desconocidas, Jessica Biel es una enfermera viuda que intenta rehacer su vida. Una noche irrumpen en su casa y se llevan al niño que habita en ella. A partir de aquí, y a lo largo de unas horas, seguiremos a Jessica Biel y descubriremos que hay detrás de la historia del Hombre Alto a pesar de que el interés va desinflándose después de sus primeros tres cuartos de hora. Pero como dije antes, Pascal Laugier paga el precio de trabajar para las grandes compañías americanas, porque aunque sigue teniendo ese potente elemento visual y aséptico, esa violencia brusca y seca, esos extraños grupos conspiraronicos y sus giros de guion, pero se da de bruces con el Síndrome De Macauly Culkin: Jessica Biel, en uno de los giros de guion antes comentados, resulta ser la mala de la función… Pero así como Culkin acabó con su carrera después de hacer de psicópata en esa (reivindicable e injustamente olvidada) película llamada “The Good Son”, Jessica Biel no puede cometer el mismo error. Así que en los últimos minutos de la película tendremos una explicación de sus actuaciones, y un epilogo que la libra de toda culpa, lo que da al traste con la credibilidad de la historia. Eso y que una voz en off nos explica la película de cabo a rabo, como para tontos. Pero las virtudes de Laugier siguen intactas y esperemos que consiga levantar un proyecto que no le obligue a pagar tantos peajes.

Película coreana de dos horas y pico con temática, como su nombre indica, de Gánster. En los años noventa del siglo XX el presidente de Corea decidió acabar con la mafia y sus redes. Uno de los detenidos es nuestro protagonista, un cincuentón de aspecto torpe y con tendencia a ser hortera. El fiscal le pide que escriba su historia, como se metió en el asunto gansteril, y lo que parece que serán las memorias de un gánster se convierte en la historia de un tipejo que se cree gánster y que por diversas casualidades de la vida acabara en medio de un montón de jaleos con extorsiones y líos políticos. Mámeles es entretenida y el protagonista, al igual que pasa con Tony Soprano en su serie, cae bien al principio pero acaba resultando odioso por no saber tirar la toalla a tiempo. Con una violencia que no es excesiva, atención a los botellazos en las cabezas del personal, con bastantes toques de humor, bien rodada e interpretada la película no se hace larga excepto cuando cae en un error muy de las películas asiáticas… Los finales se hacen muy largos, parece que la función acaba y todavía siguen. Eso sí, el último plano de la película deja un final abierto bastante conseguido.

Empieza bien esta película de Patrick Leconte: una Francia deprimida donde la gente ya no sabe reír ni disfrutar de la vida, una increíblemente alta cifra de suicidios… tan alta que esta multado suicidarse en la calle. Una familia regenta desde el siglo XIX una tienda especializada en suicidios: Rápidos, lentos, indoloros, con descuentos para parejas… Cada persona puede tener un suicidio que se ajuste a su personalidad. Pero la madre de la familia da a luz a un niño tremendamente feliz, tan feliz que amarga la vida a sus deprimidos familiares.

Pues eso, que la historia está simpática, jugando con el humor negro, y tiene canciones y todo… Peeero, tanto las canciones como la música recuerdan demasiado al Danny Elfman de Nightmare Before Christmas y al Bruno Coulais de Los Chicos del coro… Y el diseño de personajes tampoco es nada del otro mundo ya que el padre es un clon del patriarca de la Familia Addams y el hijo feliz recuerda demasiado a cierta pareja de gemelos de la serie de animación Rugrats. Pero todo esto podría perdonarse si Le Magasin… mantuviera el nivel, porque poco a poco la película se va ralentizando hasta resultar aburrida y demagógica. Una pena, porque esperaba bastante más de la primera película animada de Patrick Leconte.

Tras soportar un eterno e inaguantable y cultureta corto catalán llamado El Peix Sebastiano, nos metemos de lleno en For Love’s Sake una de la últimas películas de Takashi Mikee, quien es capaz de hacer películas comerciales de primera, cutreces increíbles y otras películas totalmente inclasificables como esta. Una niña esta esquiando y a punto de darse una torta es salvada por un niño de su edad. Años después, la niña burguesa (Como bien se encargan de recordar sus padres en una canción) se reencuentra con aquel niño, ahora convertido en un adolescente duro y salvaje con tendencia a meterse en peleas. La chica decide rehabilitarle y no piensa ceder en su empeño aunque todo el mundo esté en contra. Película de peleas muy entretenidas, con mucho aire de manga gracias a sus personajes, y llena de canciones… Sí, porque Love’s Sake es un musical, aunque alguna de sus canciones tengan lugar en un urinario o en un bar de alterne. La galería de personajes secundarios es delirante: El enamorado de la chica, la enamorada del chico, los malos, el jefe de los malos… Y la joya de la corona es una macarra con el pelo largo sobre la cara que si no es una parodia de la Sadako de Ringu, poco le queda.

Al igual que Nameless, su final se alarga demasiado, pudiendo haber metido tijera sin ningún problema. Por lo demás, Mikee vuelve a demostrar que puede hacer una película con cuatro chavos y que le quede como una de ocho, excepto en algún decorado que resulta demasiado cutre e increíble.

En un pueblo perdido de los pirineos catalanes, antes de la guerra civil, un grupo de niños sufre un mal genético que les hace insensibles al dolor. Sus juegos inocentes se llevan unas cuantas vidas por delante y, lógico, las autoridades toman cartas en el asunto. En nuestro tiempo un medico descubre que tiene un cáncer linfático y su única cura pasa porque sus padres se sometan a un trasplante de medula. Por supuesto que el espectador mas avispado sabrá qué le ocurre al médico y qué relación tiene con los niños del pasado.

Insensibles parte de un problema fundamental de las películas narradas en dos tiempos: Hay que igualar la intensidad del presente y del pasado y que los descubrimientos del ahora sobre el antes sean igual de interesantes para el espectador. Y no lo consigue. Todo lo que tiene que ver con el presente interesa más bien poco, por no decir nada, mientras lo que acontece en aquel hospital aislado en lo alto de la montaña en los tiempos anteriores a la guerra civil, durante la guerra civil y la posguerra tiene mucho más brillo y entidad propia. Lo que es un engorro, porque tanto salto adelante y atrás acaba cansando.

El otro problema fundamental de Insensibles es que en el pasado se decanta más por cierto maniqueísmo político que por los personajes, pintando con cuatro brochazos típicos y tópicos ambos bandos. Aun así hay ciertos momentos, todo lo que rodea a un personaje llamado Berkano y el final de la historia que levanta por encima de la media de Insensibles, película bien realizada pero un tanto fría.

El nivel actoral bastante bajo, para qué negarlo, comandado por un Alex Brendemuhl demasiado frío y estirado como para que nos importe lo que le pase.

Ya que este año el festival tiene el apocalipsis como tema central, pues nos encontramos la primera película apocalíptica: Pero como es una película baratita e independiente, nos encontramos un apocalipsis de saldillo: Ni explosiones nucleares, ni enfermedades ni nada de nada. Lo que casi se agradece viendo la precariedad de la producción.

El principio da miedo, mucho miedo para que negarlo, cuando se descubre que Dominc Monaghan y Shawn Ashmore además de los protagonistas son los productores, así que uno se piensa: Ea, ya está, ahora se harán una película a su imagen y semejanza, y la primera parte de la película así lo confirma porque los protagonistas siguen siendo soñadores y vulnerables a pesar de que llevan diez años dándose de leches contra los caníbales que se han adueñado de la tierra una vez han muerto todos los animales, vamos que ni Dios se lo cree.

Hay ciertos elementos incomprensibles como que una de las chicas va vestida con unas botas a lo Mad Max hasta las rodillas y luego lleva un vestidito ligero con falda hasta medio muslo; teniendo en cuenta que en el interior de uno de sus muslos hay cierta marca que no quiere que nadie vea, pues no se entiende porque no se calza unos vaqueros de toda la vida.

Pero luego The Day levanta poco a poco el vuelo, sin grandes emociones eso sí, con un par de giros de guion curiosos y dosis de acción y, hasta lo que el presupuesto permite, violencia y muertes. Alguna imagen lograda, como los caníbales surgiendo de la niebla para cercar la casa, todo lo relacionado con dos niños caníbales o el descubrimiento de cierta trampa sonora hacen de The Day una sorpresa agradable aunque no cambie la vida a nadie.

Película independiente que han comparado a Taxi Driver y a la serie de televisión Dexter… Y cierto es que el protagonista habla mucho consigo mismo y que hay un momento en que se mira en el espejo con una pistola en la mano… Pero la cosa no va de nada de lo anterior sino de un fotógrafo especializado en casos policiales con una imaginación desbordante que le enseña distintos asesinatos bastante sangrientos. Y luego se le cruza su vecinita de al lado y… En fin, que pasa lo que pasa. Según el director, Crave tiene muchos elementos autobiográficos pero que no piensa decir cuáles. Por lo demás es una película que se ve bien,  sus protagonistas son guapetes y caen bien y consiguen arrancar alguna carcajada, con puntuales momentos gore y de final bien en alto. No pasará a la historia, pero hay que reconocer que Charles De Laurizika maneja la cámara francamente bien y deja con ganas de ver más películas suyas.

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