SITGES 2012 (3 de 7)

Película coreana, de esas que duran muchísimo y que ya desde el principio te das cuenta de que va a ser una horterada de las gordas. Todos los personajes son como super cool, no se echan para atrás en ningún momento y siempre están con una sonrisa de sabiduría en la boca.

La presentación es un delirio hortera y animado, luego nos presentan a un montón de personajes, ladrones todos, que se pasan todo el rato echándose pullitas para despertar la risa del espectador. Su principio es Ocean’s Eleven todo el rato; Un grupo de ladrones de todo tipo se reúnen para asaltar un casino bajo las ordenes de un ladrón llamado Macao Park. Toda la preparación del golpe, las relaciones entre los personajes, son un autentico sopor, secuencia tras secuencia tras secuencia… Y así hasta el infinito.

Y cuando acaba el atraco, cuando ya llevamos tres cuartos de hora o la hora, es cuando hay un giro en la historia y The Thieves comienza por fin. Desde este momento, y hasta el final, todo es adrenalina pura con persecuciones que dejan con la boca abierta, lluvias de disparos y saltos al vacio.

Claro que, como buena película coreana, parece que le cuesta terminar, ya que después de un final bastante satisfactorio, que parece que ha cerrado todas las historias, aun se toma sus buenos quince minutos para acabar con la paciencia del espectador antes de llegar, por fin, a los títulos de crédito finales.

Ethan Hawke es un escritor que como método para empaparse en las historias que quiere contar, se va a vivir a los lugares donde ocurrieron hecho terrible. En este caso es una casa donde una familia fue asesinada y donde la pequeña de la casa lleva años desaparecida. La aparición de una serie de grabaciones con asesinatos bastante brutos, indica a Hawke que se encuentra ante algo más gordo de lo que pensaba. Sinister es una película seria, quiero decir que no tiene excesos sangrientos y su puesta en escena es bastante sobria. Su baza es la atmosfera que el director va creando poco a poco, ya que apenas tenemos escenarios aparte de la casa donde Hawke y su familia están viviendo. Y nunca salimos de ese punto de vista. Tal vez ese sea un problema: Que lastra la historia y hace que el espectador espere esos apuntes de terror que llevan la historia hacia delante.

Pasada la hora de metraje, la situación está más que clara, por lo menos para el espectador, y el desenlace es bastante previsible. Aun así, Sinister está rodada de forma adulta, tiene muy buenos momentos, sobre todo los relacionados con las grabaciones y apuesta por un terror más de atmósfera que de susto fácil, aunque alguno hay, y por la historia sobrenatural y su maldición que subyace por detrás.

Makinov, el director, es un autentico misterio: Nadie sabe su verdadero nombre, en todas las fotos en las que aparece lleva una caso con dos agujeros en la cabeza, dedica su película de los caídos en la batalla de Stalingrado y debe ser un selfmade man porque en los títulos de crédito finales solo sale el, su pseudónimo en grande, y los nombres de los actores y ahí se acaban todos los créditos, así que debe llevar la cámara, ser el director de fotografía, se casca él solo la música, monta, produce y debe pilotar el helicóptero para las tomas aéreas, sólo así se entiende que estos planos sean tan terribles de malos.

Por lo demás, nos encontramos ante el remake de Quien Puede Matar a Un niño, la segunda película de Chicho Ibáñez Serrador y que aunque no sea tan sofisticada como La Residencia, me convence mucho más. La noticia buena es que la película es muy respetuosa con la obra de Serrador, la noticia mala es que es tan respetuosa que es innecesaria. No hay muchas variaciones, y las pocas que hay no convencen: Son toques gore, posibles de hacer hoy en día gracias a los avances cinematográficos.

Pues eso, el misterio Makinov y su trabajo innecesario.

A mi es que Don Coscarelli me cae bien, no vamos a negarlo: Phantasm tiene una de las imágenes que mas me impactaron de pequeño, The Beastmaster es cutre pero tiene encanto y Bubba Ho Tep parte de una idea que sólo puede ocurrírsele a un tío que fuma mucha marihuana o que está loco.

Y lo mismo se puede aplicar a este John Dies At The End, que no sé si es el resultado de una sentada para fumar marihuana o los delirios de un esquizofrénico.

El joven Richard Wang se reúne con un periodista para contarle su historia: Todo cambió dos años atrás en una fiesta en la que hizo su aparición una extraña droga, llamada jugo de Soja por culpa de la cual Richard Wang y su amigo John se verán envueltos en una aventura bizarra y alucinógena.

Tal vez se puede achacar a John Diez… que sea demasiado larga, que a veces sea cutre, que no se deje nada en el tintero, y es que Cicarelli ha hecho con esta película un monumento a la falta de condensación y de autocensura ya que TODO cabe en su metraje: Dimensiones paralelas, monstruos delirantes, frigoríficos que se abren y esparcen su contenido, perritos calientes que se  utilizan para comunicarse, puertas fantasmas, hordas de insectos gotas de droga que toman vida, perros que conducen coches, y mas y mas y mas… Incluso hay ecos de Phantasm, su primera película de existo: Autoreferencialidad o autoplagio??

Con aires al David Cronemberg de Existenz, John Dies se convierte en la mejor plasmación hasta la fecha del complejo universo del escritor Phillip K.Dick. Película alucinada, alucinógena y llena de humor absurdos que se toma o se deja, pero cuyo visionado es toda una experiencia.

Llevaba mucho tiempo queriendo hablar de Nicolás López, cuya primera película era muy cutre y a veces su historia no había por donde agarrarla, pero su Promedio Rojo apuntaba maneras; luego mucha gente debió decirle que era un genio y  se ego se infló tanto que acabó creyéndolo y convenciendo al resto del mundo. Sólo así se entiende ese merecido e inmenso fracaso llamado Santos, un carísimo homenaje al sinsentido en el que López intentaba convencernos  inútilmente de que su mundo interior era imprescindible.

En esta ocasión, López se alía con Eli Roth, quien también produce y protagoniza, y dan a luz Aftershock: Película de consumo muy, pero muy rápido, en el que López intenta convencernos de que es cool y está muy a la moda de todo porque nos sitúa en su Chile natal y nos lleva de after hours a raves, luego a discotecas de moda y hoteles de lujo, porque la historia está protagonizada por niños pijos, por estadounidenses con dinero, modelos rusas y niñas bien. Supuestamente esta parte es divertida y juega a la comedia sentimental: ¿Quien se acostara con quien? Pero luego hay un terremoto que sepulta a la mitad de los clientes de una discoteca, y suenan las alarmas avisando de que se acerca un tsunami, y también hay replicas del terremoto.

Los protagonistas saben que tienen que llegar a lo alto de la ciudad por si llega el Tsunami, pero insisten en bajar una y otra vez a túneles, y subirse en funiculares que penden de cables, y por si fuera poco se escapan los presos de una prisión y como no han visto mujeres en años, en cuanto ven a las protagonistas solo tienen una cosa en mente… Así que unos corren, otros les siguen y  por el camino hay alguna que otra sorpresa más que predecible hasta llegar a un final que supuestamente es sorprendente pero que uno se huele a poco que uno sea hábil.  Eli Roth sigue apoyando el subgénero del Torture Porn aunque Aftershock es más liviana que sus Hostel, aun así debería intentar no quemarse con tanta rapidez. La película se hace corta, cierto, pero se olvida en menos tiempo del que se ha tardado en ver. Pero me ha reconciliado parcialmente con Nicolás López.

No he visto la película de los años ochenta en la que se basa, así que no voy a entrar en si es buen remake o no, pero a mi esta película me hizo pasar un muy buen rato. Elijah Wood se arriesga, al fin y al cabo no es Jessica Biel en Tall Man, y se mete en la piel de un tipo muy, pero muy chalado que persigue a mujeres, las mata de formas bruscas y rápidas y luego les arranca el cuero cabelludo. Trabaja en una tienda de maniquíes en un lugar más que siniestro. Maniac sigue de cerca el rollo retroochentero de Drive, no solo por su fotografía sino por la música. Lo más curioso de esta película es su enfoque visual, se pone en la mirada del asesino, quiero decir que literalmente estamos en la cabeza del espectador ya que sólo vemos físicamente a Elijah Wood cuando se refleja en espejos o en algún momento puntual que salimos de su cabeza y le vemos desde el exterior… La pregunta es: Esta planificación, por cierto que muy bien conseguida, es por intentar un nuevo acercamiento a la historia o porque así sólo rodaban una o dos semanas con Elijah Wood (igual su cache es alto) y el resto del rodaje tiene a un doblador de manos. A pesar de todo esto, Maniac es una película violenta, sangrienta, seca, brusca, ochentera  y con una historia que va directo al grano y no para en ningún momento.

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