SITGES 2012 (6 de 7)

Al igual que en Robot & Frank, en esta película japonesa de humor tenemos a ancianos y robots, pero esta vez robots de primera generación. Un grupo de vagos ingenieros ven que la fecha de entrega para un prototipo de robot esta cercana, así que no se les ocurre otra cosa que contratar a un anciano gruñón y aburrido para que se meta en el armazón del robot y actúe como tal. Película familiar de consumo rápido, con capítulos internos de planteamiento/nudo/desenlace con los que es imposible no echarse algunas carcajadas…

Como es una película de humor no hay malos rollos, no hay villanos y todos los personajes tienen su propio momento, incluyendo al obligatorio personaje femenino y adolescente que aunque al principio parece un pegote se acaba revelando como un argumento vital para llegar al final. Muy agradable de ver y recordar.

David Cronemberg ha llegado a tal punto en su carrera que puede hacer las películas que le dan la gana, básicamente como David Lynch pero a este le cuesta más levantar películas. Aquí nos cuenta la historia de un millonetis que se monta en su megamoderna limusina para irse a cortar el pelo… Pero el funeral de un rapero y la visita del presidente de Estados Unidos colapsan el tráfico de la ciudad. Y el millonario se reúne en su coche con su mujer, con sus asesores, amantes…

Cosmopolis a veces gusta, a veces irrita y otras veces aburre. Pero hay que reconocerle algo a Cronemberg: Ha hecho una película ciberpunk, una película de ciencia ficción ambientada en nuestro tiempo. Pistolas futuristas, matrimonios concertados, luchas anti sistema, una limusina llena de controles que parece la carlinga de una nave espacial.

Pues eso, no sé si la película me convence o no, pero esta rodada de una manera exquisita. Pero a veces me gustaría que Cronemberg volviera a su primera época de la Nueva Carne.

Yo creo que con Antiviral nos encontramos con un intento de mimetización: Si papa es raro, ¿Por qué no serlo yo? Así que Brandon Cronemberg se pone el gorro de pensar y se revisa la primeras películas de su padre, cuando hacia un cine rabioso que buscaba su público comercial, y pensó que si mezclaba un poco de esto, otro poco de aquello y decía que era suyo pasaría como algo novedoso. Pero no, no hay nada novedoso en Antiviral, porque Brandon Cronemberg consigue un film retro, haciendo moderna la época de la Nueva Carne de su padre de los setenta y ochenta. Eso y que pone en pantalla al protagonista más feo y desagradable que nos hemos echado en cara en muchos años. Cronemberg Senior confunde frialdad con falta de interés y arritmia con propio ritmo.

No he visto ninguna película anterior del director argentino Adrián García Bogliano, y no es que ahora me haya vuelto un fan, pero Ahí Va El Diablo es una película que no intenta ocultar su carácter humilde y jugando con los materiales que tiene se desenvuelve cómodamente… Justamente lo contrario que su compatriota con La Araña Vampiro que con pocos materiales quería contarnos una Gran Historia. Producida por una pequeña productora americana, y rodada en Méjico con actores mejicanos, Bogliano nos da una película muy pequeña, con una historia también pequeña, pero la envuelve de una extraña atmosfera llena de sexualidad, de sexualidad muy lubrica para que negarlo, con interpretaciones muy exageradas.

Una pareja y sus hijos van a pasar un día al campo, a la vuelta los niños deciden subir a una montaña mientras los padres juguetean sexualmente en el coche. Los niños desaparecen y cuando reaparecen al día siguiente han cambiado de actitud.

La historia recuerda mucho a las series de televisión fantásticas de capítulos independientes. Pero Bogliano crea un ritmo extraño, con unas imágenes apagadas, que de alguna forma remiten a los cuentos sobrenaturales de Lovecraft o M.R. James.

El final es rápido, seco, extraño y sobre todo convincente. Así que Ahí Va El Diablo es mucho más honesta que muchas otras películas que quieren epatar al público.

Basado en un manga y anime del mismo título, de imagen real, nos cuenta una historia ambientada en el siglo XIX en Japón, después de la apertura de la frontera al mundo occidental. Un samurái que deja atrás su pasado y su espada, que es robada por un individuo mal encarado que comenzara a hacer de las suyas, un traficante de droga que ha conseguido un opio superadictivo… Añadimos un niño que quiere ser samurái y que es el toque cómico, una mujer de pasado oscuro que quiere rehacer su vida, un antiguo compañero de armas del samurái y la dueña del dojo donde el samurái del título estudio.

No conozco el manga en el que se basa, así que no puedo opinar sobre la traslación, pero sí que es cierto que a pesar de durar dos horas de la impresión de que hay personajes con mucha historia detrás de él y que aquí aparecen sólo para cumplir de cara a la galería. Por lo demás tenemos la típica película de buenos muy buenos, de malos muy malos, persecuciones, peleas, poca sangre.

Se puede ver, pero no deja mucho poso en la memoria.

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