STAKE LAND

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Como si fuera el principio del libro “Soy Leyenda” de Richard Matheson, la plaga del vampirismo ha tomado la tierra. Los supervivientes tienen que ver la manera de evitar ser convertidos en alimento de vampiros y al mismo tiempo sobrevivir a los propios humanos.

Pero al contrario que en Soy Leyenda, los vampiros no son exactamente muy listos, su inteligencia les llega sólo para buscar sitios donde escapar de la luz del día. A lo largo de la película veremos vampiros normales, vampiros berserker (mucho más fuertes que los vampiros normales) y Vampiros mutantes (Que son muy listos pero  su inclusión en la película chirría demasiado).

La historia es muy simple: Un joven es “adoptado” por un hosco cazador de vampiros que se llama a si mismo “señor”, un personaje que recuerda a los héroes duros de John Carpenter que siguen levantándose después de haber sido apaleados. La idea del cazador es llegar a Nueva Edén,  lugar donde los vampiros han sido erradicados. Claro que para llegar allí tienen que atravesar territorios tomados por caníbales o por La Verdad una nueva fuerza religiosa que no tiene escrúpulos en eliminar a todo aquel que no se les quiera unir. La película trata sobre el viaje, la gente que se encuentran y se les une, y los diversos peligros a los que se enfrentan.

Stake Land mezcla los códigos de una película de zombis con elementos de películas apocalipticas, sobre todo porque su tono tristón y pesimista recuerda mucho (demasiado) a la The Road pero con un presupuesto mucho más ajustado que intenta ocultar… Algunas veces sin conseguirlo.

Pero el problema no es su presupuesto sino que no acaba de decidir a qué carta quiere jugar: ¿Es una odisea repleta de vampiros? ¿Es la historia del adiestramiento de un cazador? ¿La crónica del ocaso de la humanidad?  Hay momentos para cada cosa, pero sin acabar de decidirse por una u otra; y sobre todo el problema es que la amenaza real, la religión que utiliza vampiros para meter miedo a la gente, a veces parece liderada por descerebrados pero otras veces (una sola ocasión pero contundente en uno de los mejores momentos de la película) demuestra tener ideas brillantes y muy pocos escrúpulos con tal de acabar con los humanos que no pertenecen a su rebaño.

Stake Land es una película realista, incomoda y muy oscura, que muestra un futuro donde no hay futuro. No hay lugar para desarrollar personajes a los que agarrarse porque tampoco hay lugar para la compasión y si para la crueldad, y ahí es donde más acierta Stake Land, gracias también a la música nostálgica del siempre efectivo Jeff Grace: Cuando el final llega, llega dando bien fuerte.

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