BLACK MIRROR T2

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Segunda entrega de esta serie de Charlie Brooker sobre futuros más o menos cercanos y el uso/mal uso/abuso que los humanos pueden hacer de la tecnología y la deshumanización que esto puede acarrear.

Evidentemente es una excusa para diseccionar al ser humano, como ya apunto en su muy divertida Dead Set y en la primera temporada de este Black Mirror.

La primera historia independiente, “Be Right Back”, trata sobre una pareja y los cambios que conlleva que una de las partes de la pareja desaparezca, y la parte restante no se resista a la perdida, y utilizando una tecnología en desarrollo la quiera de nuevo a su lado. Es una historia sencilla, apenas sin personajes o escenarios, muy intimista y carente de la mordacidad de Brooker. Un principio agradable y agridulce pero inofensivo.

“White Bear”, la segunda entrega, ya es otra historia: Una mujer joven despierta en una casa vacía, en la televisión se emite una extraña señal y una vez en el exterior puede ver a la gente grabándola con sus móviles desde el  interior de sus casas. La historia posterior es desasosegante aunque recuerda demasiado a aquella película del 2007 llamada The Signal en la que una señal emitida por todas las frecuencias de radio, televisión e internet enloquecía a una ciudad entera convirtiéndoles en asesinos en serie.

Aquí tenemos un poco de eso pero llevándolo a otro extremo: A través de una protagonista superada por las circunstancias que intenta salvar su vida, Brooker convierte muy fina la barrera entre juez, jurado y verdugo ya que cuando apenas queda un tercio de metraje, la historia de White Bear da un giro radical marca de la casa enseñándonos que no todo es como parece. Esta parte es bastante más floja y menos creíble que la anterior donde el peligro era latente; puede que sea por las interpretaciones o porque convierte la historia en algo más grotesco, casi carnavalesco.

Aun así, ya en sus títulos de crédito finales, la historia vuelve a levantar vuelo con su crueldad inicial.

“The Waldo Moment” es el tercer capítulo y parte de una premisa demasiado común hoy en día: Todo el mundo sabe que la política es un juego, un juego llevado a cabo por mentirosos. Y aquí es donde aparece Waldo, un oso de dibujos animados creado por un cómico de segunda con una depresión a cuestas que es empujado, por razones de marketing, a llevar a su creación al terreno de unas elecciones locales. Su discurso lleno de rabia es el discurso del pueblo y poco a poco gana en popularidad hasta que el oso Waldo acaba saltando a la arena política.

Esta historia, que podría dar mucho de si, es dejada casi de lado por Brooker para centrarse en el aspecto personal cuando el cómico detrás de Waldo acaba encontrándose con una política que se presenta a las elecciones. Tal como ocurre en esta temporada, Brooker se centra más en las personas, en su aislamiento y en sus problemas en vez de enfocar su discurso en el hecho de que los medios de comunicación pueden influir tanto positiva como negativamente en la opinión popular.

Y de nuevo, los títulos de crédito finales funcionan a modo de epilogo de la historia con un final más que preocupante de cara al futuro.

En esta segunda entrega de capítulos se echa de menos esos zarpazos agresivos de Brooker y compañía, pero aun así, Black Mirror continua teniendo una calidad superior a la media.

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