Sion Sono x 2

TT_Quad_v2Cae la noche sobre la ciudad de Tokyo. Sin que los ciudadanos lo sepan va a tener lugar una batalla entre las tribus de Tokyo, una guerra brutal con un solo objetivo: Adueñarse de la ciudad… ¿O puede que haya otro motivo oculto para que estalle la violencia?

Sion Sono es un loco, o un visionario, o un loco visionario. Sólo así es comprensible un delirio imaginativo como Tokyo Tribes donde se mezclan sin pudor un musical rap con la película The Warriors de Walter Hill.

Allá donde Takashi Miike falla, Sono acierta de pleno. Miike siempre arranca sus películas con fuerza y brillantez, pero poco a poco va perdiendo fuelle y en contadas ocasiones es capaz de rematar sus proyectos con la misma intensidad con la que los comienza.

Por el contrario, Sion Sono empieza en lo alto y no solo se mantiene en ese punto sino que es capaz de ir subiendo más y más arriba. El director utiliza cámaras nerviosas con muchos (¿verdaderos o trucados?) planos secuencia, música hipnótica, colores brillantes, espectaculares coreografías de peleas que incluyen a decenas de hombres y mujeres… Todo el conjunto se convierte en una suerte de anime de imagen real, un autentico apoteosis visual y narrativo que o te captura desde el principio o te produce el rechazo más absoluto.

 

Why_Don_t_You_Play_in_Hell-922119626-largeHace años que un astroso grupo de cineastas “verite” quieren levantar su película definitiva con su protagonista absoluto: Un antiguo matón reconvertido en un imitador de Bruce Lee. La guerra entre dos clanes Yakuza será su prueba de fuego.

Rodada anteriormente a Tokyo Tribe encontramos en Why Don’t You Play In Hell una nueva locura de Sion Sono donde vuelve a utilizar su propio universo enloquecido con cineastas, yakuzas, jóvenes estudiantes, aspirantes a actriz llenas de desidia… Y podríamos seguir, ya que en la mezcla cabe todo.

Su primer tercio, dedicado a la presentación de personajes, es espectacular. Con rápidas ráfagas, la mayoría delirantes, nos va a colocando a cada uno en su sitio y va dejando caer las relaciones que hay/habrá entre ellos. El espectador sabe que todas las tramas y todos los personajes se acabaran encontrando, pero la forma en que lo harán es un misterio.

El segundo tercio, en el que las tramas confluyen, se me hizo cuesta arriba. Ya están las cartas sobre la mesa pero Sion Sono insiste en seguir barajándolas jugando con la paciencia del espectador aunque se agradece que eche mano de un humor que juega al equívoco. Menos mal que llegamos al tercer tercio (valga la redundancia) y de pronto Why Don’t You Play In Hell se convierte en un espectáculo salvaje, cruel y sangriento donde no hay un solo respiro y donde uno no puede dejar de pensar que todo aquello no puede acabar mal, sino peor.

La sensación que deja al final WDYPIH es desconcertante, por un lado te lo has pasado bien, por otro lado te has aburrido, después has aplaudido la violencia desatada y has terminado con un mensaje desolador.

Tal vez esa sea la visión que tiene Sion Sono de la vida.

 

 

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