Braindead

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La primavera en Washington está que arde cuando Lauren Healy entra a trabajar en el congreso: Las luchas entre demócratas y republicanos se han vuelto tan virulentas que el país pende de un hilo, los cerezos están en flor, hormigas de origen extraterrestre se comen el cerebro de la gente y a veces explota alguna que otra cabeza… Literalmente.

¿Veis? Formato: 13 capítulos, una historia cerrada, entretenimiento. NO es tan difícil.

Sí que es cierto que el tramo entre la octava y décima entrega es demasiado reiterativo, pero al final todo tiene su explicación y la sensación que queda es la de habérselo pasado bien, gracias a una historia sin prejuicios y unos personajes a los que se les coge cariño.

Con un ritmo dinámico que nunca decae, al principio uno puede marearse un poco debido al funcionamiento del congreso y a las tretas que se cuecen en su interior; pero una vez superado el estupor, se puede disfrutar la acerada critica de John & Michelle King al sistema político. Y más que se disfruta cuando se extrapola a cualquier sistema político mundial.

La polarización es mala, el bipartidismo es endogámico, no hay político bueno sino político corrupto y menos corrupto… Como si fueran mantras, verdades conocidas por todos saltan de la pantalla apoyándose en un homenaje continuo a Invasion of the Body Snatchers en cualquiera de sus dos primeras versiones (ahí está la presencia de Brooke Adams como referente a la versión de Philip Kaufman) y They Live de John Carpenter (esa descarada utilización de los media para influir en la población), entre otros.

Son muchas las cosas a destacar de Braindead: las animosas intros que el cantante Jonathan Coulton hace en cada capítulo, Mary Elizabeth Winstead que aun siendo la más floja del plantel queda muy mona, un séptimo capítulo antológico, las explosiones de cabeza que recuerdan a Scanners de David Cronemberg, el dúo cómico-conspiranóico que forman Nikki M. James y Johnny-Ray Gil…

Pero por encima de todo, destacar el trabajo de Tony Shalhoub, cuyo personaje de Red Wheatus se convierte en el rey de la función. Hay que quitarse el sombrero ante Shalhoub por ser capaz de enternecer, dar miedo, provocar risa o inquietar sólo con una mirada y una sonrisa.

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