FANT 2016 (8 de 8)

Me considero un hijo bastardo de Chicho Ibáñez Serrador.

Durante mi niñez, todos los lunes por la noche Serrador protagonizaba los sketchs que abrían su programa Mis Terrores Favoritos. Semana a semana, cuando conseguía el beneplácito de mis padres, dejaba que Chicho me amamantara con el terror de las películas elegidas que, a la mañana siguiente, era el tema principal en las conversaciones del patio de colegio.

Es culpa suya que exista este blog, pero siempre le agradeceré esas noches de pesadilla.

Aquel caserón aislado entre un mar de bosques es el lugar ideal para tener controladas a las jovencitas indisciplinadas, pero también es el lugar perfecto para unos terribles asesinatos.

La opera prima de Chicho Ibáñez Serrador, realizada en 1970, es toda una declaración de intenciones: barroca, enmarcada en unos fastuosos decorados, elegante en su puesta en escena, sugerente para todo aquello que permanece fuera de campo. Realmente podría ser una de las películas clásicas de la Hammer, muy en boga aquellos años.

Implicando al espectador en su juego voyerista, Serrador nos mete de lleno en este micro universo femenino donde está implícita una sexualidad reprimida, cierto sadomasoquismo (expresado sin tapujos en el personaje castrante de Lilli Palmer), unas pizcas de lesbianismo, todo envuelto en una atmósfera cerrada y oscura porque la residencia del título es otro personaje más que encierra en su interior todos los secretos y misterios.

Una gran carta de presentación.

Una pareja de turistas, en sus últimos meses de embarazo, se dirigen a la pequeña isla de Almanzora para disfrutar de unos días de tranquilidad. Al llegar allí descubren un pueblo vacío, solo transitado por niños que, al descubrirlos, les tomarán como piezas a cazar. Empieza la pesadilla.

Dirigida en el año 1976, Chicho Ibáñez Serrador se atrevió a llevar a cabo un proyecto insólito: una cinta de terror a plena luz del sol. El suyo es un trabajo de diploma, ya que es capaz de generar tensión con apenas dos personajes, calles vacías, patios de casas y unos niños adorables que ponen la piel de gallina con una sonrisas placidas, que recuerda sobremanera a The Birds de Alfred Hitchcock.

Tal vez se le puede echar en cara lo poco sutil que es su mensaje, ya narrado durante los esplendidos títulos de crédito y recalcado en una de las primeras secuencias, pero si obviamos esto nos encontramos la que, para mí, es la mejor cinta de terror española y una de las mejores películas de terror en la historia del cine.

 

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