Sitges 2017 2

Lucy llega al barrio de Bushwick para que su abuela conozca a José, su novio. De pronto, se ven envueltos en una extraña guerra que no toma prisioneros. ¿Es un ataque terrorista? ¿Una intervención policial? Sea lo que sea, deben escapar de las calles.

Tras su entretenida, sin más, Cooties, Cary Murnion y Jonathan Milott vuelven a plantear una situación apocalíptica. Esta vez han dejado a un lado la narrativa convencional y juegan a falsos planos secuencias que, a la larga, dañan la entretenida historia.

Como guionista tenemos a Nick Damici, en un papel hecho a su medida ya que repite esquemas de su “mister” en Stakeland, pero es Dave Bautista quien se mete en la piel de Stupe y, francamente, hemos ganado con el cambio ya que Bautista aguanta el tipo de forma espectacular. Su coprotagonista, Brittany Snow, resulta menos convincente.

Bushwick, como película, es entretenida pero agotadora, es imposible mantener el ritmo tras una primera media hora caótica y brillante y, como ya dije antes, la dirección de Murnion y Milott resulta contraproducente. Pero el visionado es gozoso aunque no invite a una revisión.

Madison vuelve a su casa familiar veinte años después de que su madre enloqueciera y asesinara a su hermana pequeña. Acompañada por su novio Jake y su prima Izzi, pronto descubrirán que en la casa mora una presencia que no dejará que se marchen con vida.

Mejor decirlo antes que después: Darkness Rising es una auténtica pérdida de tiempo.

Todo es ridículo: la trama, las interpretaciones, el hecho de que la casa esté tan limpia tras décadas abandonadas, el prólogo y epilogo. El guion de Vikram Weet es tan caprichoso como risible, da la impresión de ser un corta y pega de otras películas de casas encantadas.

La cinta de Austin Reading es tan delirante que ni siquiera despierta la carcajada involuntaria, sino el bostezo.

Australia. Años 90. Ultimo año de instituto para Corey, el futuro se encuentra ante él: ir a la universidad más cercana junto con sus amigos o aceptar la beca de una prestigiosa escuela en Nueva York. Es la noche de la decisión, es la noche de Halloween, y a la mañana siguiente nada será lo mismo.

La ópera prima del australiano Nicholas Verso es una auténtica sorpresa, es capaz de conjugar lo realista, lo fantástico, lo siniestro y lo poético y hacer que funcione. La película, aunque se resiente de un giro final previsible debido a un par de secuencias que podrían haber desaparecido en la mesa de montaje, basa parte de su éxito en la química existente entre los protagonistas Toby Wallace y Gulliver McGrath, la complicidad entre ambos traspasa la pantalla y contagia al espectador.

Hay peros en Boys In The Trees, cierto, aunque es mejor no seguir hablando de la cinta y que el espectador descubra sus muchas bondades y pocos defectos.

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