Sitges 2017 3

La humanidad expande su horizonte cada vez más lejos. La joven Indi visita a su padre en Osiris, coincidiendo con la aparición de unos extraños seres que asesinan a todo el mundo a su paso.

La propuesta del australiano Shane Abbes es agradecida: narrar a través de distintas películas una saga interplanetaria. Pero son varios los problemas que nos encontramos en Osiris Child: un montaje confuso, que salta del pasado al presente y viceversa cortando bruscamente la trama contrarreloj; un copypaste de varias (demasiadas) películas de John Carpenter; y el mayor de todos: existe una serie llamada The Expanse que, al ser capítulos, puede cimentar mejor lo que Shabe Abbes resuelve con demasiada rapidez.

Los personajes son unidimensionales, algo que no importa en una cinta de acción como esta pero, debido a esos flashback comentados, no deja lugar a que el espectador se encariñe con ellos.

En el convento la vida es aburrida, demasiado, por ello las monjas deben pasar su tiempo espiando a las demás. La llegada de un sirviente mudo y sordo hará que las pasiones estallen, y nadie quedará impune.

Jeff Baena se inspira libremente en el Decameron de Giovanni Boccaccio para construir un filme que podría tener como pariente lejano la película Much Ado About Nothing de Kenneth Brannagh, un divertimento que tiene como elemento central el amor a la vida, el sexo y la campiña.

The Little Hours es entretenida de ver, los paisajes italianos son impresionantes y se nota que todos lo pasaron en grande durante el rodaje; el resultado, a cambio, es irregular: hay pasajes que dejan con ganas de más mientras otros resultan alargados, por ello la cinta cojea. El nivel interpretativo es bueno y se agradece ver a Kate Micucci en un papel más largo de lo habitual debido a su físico particular.

 

2007. Irak. Dos sniper acuden a la llamada de auxilio de unos constructores en medio del desierto. El desierto está lleno de trampas y puede que hayan caído en una.

Reconozco que me gustan las cintas ambientadas en una sola localización y con escasos personajes, más por saber cómo van a resolver la papeleta que por el resultado.

The Wall de Doug Liman se beneficia del pulso de este para sostenerse, ya que es capaz de mantener la tensión a lo largo de su ajustado metraje. Se le podría echar en cara un poco de discurso crítico respecto a la situación espacio temporal donde se encuadra la película, pero eso restaría “instantaneidad” y “humanidad” a la cinta.

No cambia la vida, es cierto, pero Liman consigue que, por primera vez, aguante la presencia de Aaron Taylor-Johnson en pantalla. Eso, para mí, ya es un gran logro.

 

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