Sitges 2017 4

Chip solo pide dos cosas a la vida: tener dinero y una novia. Es difícil conseguir lo primero y respecto a lo segundo ¿es la extraña y alocada Liz su mejor opción? 68.000 dólares serán la respuesta.

Hay dos formas de posicionarse frente a 68 Kill, verla como un simple entretenimiento que, sinceramente,  suena a visto por el tipo de personajes y situaciones, o como el rumor que corre por internet: una cinta misógina debido al tipo de mujeres que retrata.

Yo me situo en la primera opción, ciertamente 68 kill podría ser misógina, pero es que la cinta de Trent Haaga rezuma misantropía por sus cuatro costados y eso es meter a todos en el mismo saco: hombres y mujeres.

Por lo demás tenemos una cinta frenética, apoyada en un simpático Matthew Gray Gubler, que es capaz de mantener el interés hasta el final. No hay mucha originalidad en la mayor parte de sus planteamientos y resoluciones, y sus escenas crueles no acaban de cuajar, pero resulta entretenida.

El espíritu de Chucky ni muere ni olvida, por ello decide infiltrarse en el manicomio donde se encuentra ingresada Nica, una de sus víctimas, y acabar con ella.

Intencionadamente o no, Chucky ya es un remedo de Freddie Krueger, por ello esta Cult Of Chucky es el equivalente a Nightmare on Elm Street III: Dream Warriors. Don Mancini, creador del muñeco, es el guionista y director de una película solo para los fans del personaje.

Los que no tengan idea de lo ocurrido en películas anteriores o se acerquen por curiosidad, se encontraran una cinta que funciona a ratos, demasiado caprichosa y autorreferencial, sujetada por los Dourif, Brad y Fiona como la voz de Chucky y la sufrida Nica, mientras el resto de los personajes dan vueltas por ahí hasta que les toque el turno de morir.

No hay más.

Liz es muda desde que perdió la lengua. Su tranquila vida en un pequeño pueblo del oeste junto a su marido y familia se rompe en pedazos cuando un nuevo predicador llegue al lugar con una sola misión: hacer la vida imposible a Liz.

Primera película que veo del holandés Martin Koolhoven, y solo puedo decir que, a pesar de su exceso de intensidad, excesos en general más bien, ha resultado una grata sorpresa.

Un western europeo, rodado en España, Alemania, Hungría y Austria, cuya suspensión de la incredulidad se encuentra apoyada en los hombros de Dakota Fanning, sin ella sería imposible imaginarse Brimstone; Fanning compone un personaje difícil en constante evolución, y consigue salir airosa del reto. Su némesis, Guy Pearce, demuestra de nuevo su capacidad de tomar cualquier papel, por odioso que sea como en este caso, y hacerlo suyo.

Martin Koolhoven involucra al espectador en una historia que va ganando en crueldad y que incluso roza el sadomasoquismo, pero que en ningún momento deja indiferente.

 

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