Sitges 2017 8

La crisis económica ha golpeado de lleno al pobre Bradley Thomas y este debe trabajar de camello para su amigo Gil. La recogida de un alijo de drogas se va a convertir en el primer escalón de Bradley hacia los infiernos.

En el 2015, Bone Tomahawk fue como un puñetazo sobre la mesa: S. Craig Zahler había llegado con un western que, a mitad de historia, se convertía en una cinta completamente diferente, violenta y aterradora. Mis esperanzas sobre Zahler se han convertido en realidad con Brawl In Cell Block 99, una película de aires setentones aunque esté ambientada en la realidad.

Al igual que en Bone…, Zahler hace que conozcamos a los personajes principales antes de meternos en situación, los estallidos de violencia, la brutalidad, van ascendiendo hasta convertirse en algo doloroso y sangriento. Son muchas las virtudes de Brawl, pero destacaría una: Zahler es capaz de rescatar de sus nichos a actores como Vince Vaughn, atrapado en comedias absurdas, y darle nuevos aires a Don Johnson.

Una joven india ha aparecido muerta en la reserva. Una novata agente del FBI y un cazador de alimañas, unirán fuerzas para descubrir la identidad del asesino.

Segunda película de Taylor Sheridan que esta vez cambia el desierto amarillo infinito de Hell or High Water, escrita por él, por la soledad blanca de una reserva india. Eso sí, los personajes siguen hablando igual: miran al infinito mientras sueltan sus frases.

Por lo demás tenemos una película sencilla, basada en los personajes, que retrata la investigación del asesinato. Wind River funciona, ya que engancha por la trama y por sus dos personajes principales, interpretados por Jeremy Renner, al que le sienta bien alejarse del mundo de los superhéroes, y por la hermana Olsen con talento: Elizabeth.

Todo monstruo tiene un origen, y el de Leatherface empieza en una granja perdida en las llanuras de EEUU.

La carrera de los directores franceses Alexandre Bustillo y Julien Maury no consigue superar el “pelotazo” que fue A L’interieur , allá en el 2007, algo injusto ya que sus películas siguientes mantenían personalidad y garra tras las cámaras.

Leatherface es un producto de encargo pero aun así han conseguido hacerlo suyo por esa tensión, suciedad y violencia brusca, característica de la casa, que destila la cinta. El problema es que, al ser una cinta de origen, uno sabe que, tarde o temprano, se pasará del punto A al B y eso resta puntos a la película ya que basa su misterio en la identidad del futuro icono del terror.

Interpretativamente correcta, destaca como siempre Lili Taylor, quien ha sabido resurgir de sus cenizas como musa indie para convertirse en la actriz de carácter que siempre fue.

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