The Barn

Noche de Halloween. 1989. Un grupo de jóvenes, en viaje hacia el concierto de su grupo favorito, hace noche ante las puertas de un granero, ignorando el terrible mal que mora en su interior.

Hay cintas que pintan bien como sinopsis y, sin embargo, la pelicula de Justin M. Seaman se pierde en el guion y la traslación a imagen. The Barn parte de una propuesta que se apunta a la moda retrochentera respecto a la historia y el tratamiento de la imagen, que tiene potencial y, sin embargo, el resultado es insatisfactorio.

¿Por dónde empezar? El protagonista afirma tener pánico a Halloween y, sin embargo, está obsesionado con la fiesta y plantea extrañas normas que no entienden ni los personajes ni el espectador; el concepto espacio temporal no acaba de funcionar, ya que afirman ir a un concierto y de vez en cuando hablan de ello sin darle mayor importancia. Aunque los efectos de maquillaje de los monstruos funcionan, si es cierto que dichos seres no acaban de encontrar su sitio en la película más allá que maten a todo el que se les ponga por delante. Los cameos de Linnea Quigley y Ari Lehman se agradecen aunque vaya personajes les han asignado.

Qué se puede rescatar en The Barn más allá de sus intenciones, que pase por los momentos típicos de este tipo de películas: la existencia de una vieja leyenda, la preparación de la batalla “final” y un epilogo previsible.

Buenas intenciones, mala resolución.

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