Sitges 2018. 02

Sam despierta la mañana siguiente al apocalipsis zombi. Aislado en el edificio, tiene que luchar contra la amenaza externa e interna, y sobre todo debe luchar contra el fantasma de la soledad.

Muy interesante película del francés Dominique Rocher que, aun siendo una cinta de presupuesto medio, opta por un enfoque minimalista donde la rutina y el edificio son dos personajes más. En La Nuit… encontramos ecos de un George A. Romero primigenio, cuando importaba más la historia que el trasfondo crítico, y se podría considerar como un muy buen capítulo de World War Z de Max Brooks; pero desde mi punto de vista, lo mejor es la relectura que hace de I’m a Legend de Richard Matheson que incluso podría considerarse la mejor adaptación realizada hasta la fecha.

Tal vez Rocher estira demasiado el tempo de la cinta que, aunque el noruego Anders Danielsen Lie es capaz de llevar sobre los hombros sin problemas, se hubiera beneficiado de un recorte de quince minutos; y para que el homenaje a Romero funcionara a la perfección los zombis tendrían que haber sido los lentos y no los 2.0. Pero son dos pegas que no quitan a Le Nuit la importancia que debe tener en el género Zombi, ya que, siendo respetuosa con los cánones, es capaz de buscar nuevos horizontes.

Francia. Años 90. Un joven grupo de baile celebra su último ensayo antes de empezar una gira, lo que ignoran es que esa noche el infierno se desatará en la tierra por culpa de uno de los presentes.

Premio Mejor Película

La cintas de Gaspar Noé no son precisamente ortodoxas y, por ello, acercarse a cualquiera de sus propuestas puede sacar lo mejor o peor de uno mismo. Basada en un hecho real, Climax, al igual que Irreversible, empieza por el final pero, lejos de repetirse, Noé juega con el espectador y, tras una introducción que roza lo eterno, se lanza de lleno a un número de baile musical que debería entrar en la historia del cine musical.

El acierto de Noé es hacer que el espectador, gracias sobre todo al portentoso trabajo de vestuario, sea capaz de distinguir al nutrido grupo de personajes, de todo género, orientación sexual y religión, en su descenso al infierno. Aparte de la buena labor interpretativa, hay que destacar a Benoit Debie y Ken Yasumoto, encargados respectivamente de la fotografía y el sonido, porque su trabajo es espectacular y consiguen que el espectador se sienta como un personaje más.

Lógicamente, al ser de Gaspar Noé, encantará a unos e irritará a otros.

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