Sitges 2018. 03

Dos curas, Thomas y John, son enviados a un siniestro lugar, donde las monjas dan cobijo a jóvenes “perdidas” en la vida, para investigar si los milagros que allí acontecen son reales o no.

La cinta de Aislinn Clarke, co-escrita junto con Martin Brennan y Michael B. Jackson, tiene más pros que contras es capaz de utilizar el, ya trillado, mundo del Found Footage y aunque la duración no llega a la hora y veinte, no se detiene en momento alguno y va, algo de agradecer, de menos a más; las interpretaciones son ajustadas, destacando especialmente el torturado rostro de Lalor Roddy en el papel más agradecido; los efectos especiales son resultones a pesar del aire naturalista que desprende la realización y, aunque la historia es ligeramente predecible y suena a otras cintas, jamás aburre.

El mayor contra es, aparte de su falta de originalidad, que uno tiene la sensación de que el metraje ha sido recortado sustancialmente, algo que se acrecienta hacia el final y, especialmente, en los últimos planos. Tal vez me equivoque y la intención de Clarke y sus guionistas sea dejar más preguntas que respuesta, pero ello no es óbice para que The Devil’s Doorway resulte un buen entretenimiento.

El profesor Phillip Goodman tiene un objetivo en la vida: demostrar que los fenómenos paranormales no existen. Cuando un antiguo colega, al que Goodman admira, le pide que investigue tres casos, sin explicación aparente, inicia un descenso a los infiernos con un solo destino.

Adaptación de la obra de teatro del mismo título de Jeremy Dyson y Andy Nyman, este último protagonista además de co-director y que, planteada como una película de episodios, se va revelando como parte de un todo. Ghost Stories, aunque no descubre la fórmula de la pólvora, juega con la intriga del espectador y su baza principal es que va de menos a más hasta un último tercio que da un brusco giro a la trama principal.
Al ser una película de caracteres, el mayor peso del terror recae en sus protagonistas, y en esto el elenco cumple de largo, destacando Martin Freeman, un auténtico todo terreno, y Alex Lawther, cuyo rostro infantil y anodino es capaz de generar empatía y rechazo al mismo tiempo; Andy Nyman, como hilo conductor, lleva adelante la trama principal sin problema alguno.

Rodada de forma naturalista en escenarios grises, casi anodinos, lo que menos convence son esos pequeños insertos de terror moderno, algunos plagios y otros homenajes, mientras el uso los elementos clásicos como el espacio en off, las sombras y el sonido funcionan como un reloj. En la parte negativa, decir que la película es tramposa respecto a las pistas que se añaden a lo largo de las historias, sobre todo la importancia que se da a cierto hecho en los títulos de crédito que, terminada la cinta, carece de peso dramático.

Aun así, Ghost Stories es una película que se disfruta y cuyo giro final es bastante novedoso e impredecible.

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Sitges 2018. 02

Sam despierta la mañana siguiente al apocalipsis zombi. Aislado en el edificio, tiene que luchar contra la amenaza externa e interna, y sobre todo debe luchar contra el fantasma de la soledad.

Muy interesante película del francés Dominique Rocher que, aun siendo una cinta de presupuesto medio, opta por un enfoque minimalista donde la rutina y el edificio son dos personajes más. En La Nuit… encontramos ecos de un George A. Romero primigenio, cuando importaba más la historia que el trasfondo crítico, y se podría considerar como un muy buen capítulo de World War Z de Max Brooks; pero desde mi punto de vista, lo mejor es la relectura que hace de I’m a Legend de Richard Matheson que incluso podría considerarse la mejor adaptación realizada hasta la fecha.

Tal vez Rocher estira demasiado el tempo de la cinta que, aunque el noruego Anders Danielsen Lie es capaz de llevar sobre los hombros sin problemas, se hubiera beneficiado de un recorte de quince minutos; y para que el homenaje a Romero funcionara a la perfección los zombis tendrían que haber sido los lentos y no los 2.0. Pero son dos pegas que no quitan a Le Nuit la importancia que debe tener en el género Zombi, ya que, siendo respetuosa con los cánones, es capaz de buscar nuevos horizontes.

Francia. Años 90. Un joven grupo de baile celebra su último ensayo antes de empezar una gira, lo que ignoran es que esa noche el infierno se desatará en la tierra por culpa de uno de los presentes.

Premio Mejor Película

La cintas de Gaspar Noé no son precisamente ortodoxas y, por ello, acercarse a cualquiera de sus propuestas puede sacar lo mejor o peor de uno mismo. Basada en un hecho real, Climax, al igual que Irreversible, empieza por el final pero, lejos de repetirse, Noé juega con el espectador y, tras una introducción que roza lo eterno, se lanza de lleno a un número de baile musical que debería entrar en la historia del cine musical.

El acierto de Noé es hacer que el espectador, gracias sobre todo al portentoso trabajo de vestuario, sea capaz de distinguir al nutrido grupo de personajes, de todo género, orientación sexual y religión, en su descenso al infierno. Aparte de la buena labor interpretativa, hay que destacar a Benoit Debie y Ken Yasumoto, encargados respectivamente de la fotografía y el sonido, porque su trabajo es espectacular y consiguen que el espectador se sienta como un personaje más.

Lógicamente, al ser de Gaspar Noé, encantará a unos e irritará a otros.

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Sitges 2018. 01

La vida de Grey Trace es relajada en este futuro cercano, hasta que un terrible incidente le obliga a salir de su área de confort; pero no está solo ya que cuenta con un aliado: la IA Stem.

Gran Premio del Público

Le tengo bastante cariño a Leigh Wannel, sus propuestas ya sea junto a James Wan en Saw e Insidious, como este Upgrade muestran que conoce al público y sabe qué le gusta. Su cinta anterior, Insidious The Last Key era agradable de ver pero Upgrade es un salto cuántico.

Upgrade demuestra que un bajo presupuesto no está reñido con la calidad o la imaginación, ya que un buen diseño de producción y algunos toques de FX le permiten dibujar un futuro lindante con el Robocop de Paul Verhoeven, con el que comparte algunos puntos. Aunque la historia no es precisamente original, algunos giros se ven llegar, el punto fuerte de Upgrade es unir la trama clásica de venganzas, muy cercana al Death Wish protagonizado por Charles Bronson, con el mundo de las inteligencias artificiales.

Mención especial para el trabajo de Logan Marshall-Green y a los movimientos de cámara y coreografías durante las peleas, ambos sobresalientes. 

Claudio Verona es un ejecutivo agresivo que se verá atrapado entre la espada y la pared, literalmente, cuando un estallido zombi tenga lugar y le encuentre encerrado en un ascensor. El día va a ser muy largo.

La cinta del joven director Daniel Misischia une el ya complicado mundo de personajes-encerrados-en-espacio-diminuto y le une el componente zombi. El resultado, en contra de lo que podría parecer, es muy entretenido en cuanto el espectador se deje llevar y no cuestione toda una serie de decisiones narrativas ya que tiende a repetir algunas situaciones y hay muchos (demasiados) movimientos de cámara que resultan forzados dentro de la narración.

La mayoría de los aciertos de Misischia y su socio Cristiano Ciccotti pasan por la elección de Alessandro Roja para interpretar a Claudio, su labor es encomiable porque lleva casi todo el peso de la cinta en sus hombros y nos hace empatizar con un personaje que, durante los primeros minutos de metraje, se nos presenta como un tipejo odioso. Los zombis que aparecen, y la sangre, recuerdan vivamente a las cintas de terror italianas de los años setenta y ochenta.

Tal vez un recorte de cinco minutos hubiera beneficiado a In a Giorno La Fine/L’Inferno Fuori, pero aun así es muy agradable de ver y recuerda que el mundo de los zombis/infectados aún puede dar sorpresas.

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Marco Beltrami. Ben Hur. Ben Hur Theme. 2016

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Hay que reconocer que Marco Beltrami tiene unos bemoles como catedrales. Ha sido capaz de enfrentarse con remakes de películas de culto como The Omen, Carrie o esta nueva versión del clásico Ben-Hur.

No es una mala banda sonora, eso no voy a discutirlo, pero la sombra de Miklos Rosza es demasiado alargada y las comparaciones son odiosas. El acercamiento al tema central, este Ben-Hur Theme, es hermoso, pegadizo, contundente y lleno de espiritualidad; en ese sentido, podríamos hablar de cierto continuismo del tema de Rosza. El problema viene en los momentos de acción, donde Beltrami no puede resistir el embate de la “música original”, sobre todo en la secuencia de la carrera de Cuadrigas, donde se puede entrever (¿O será entreoír?) cierta influencia de la música actual de acción… ¿Decisión propia o imposición del director?

Sea de quien sea, personalmente me resulta equivocada.

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Sakamichi No Apollon

sakamichi02Estamos en el año 1966, Bon y Sen coinciden en la misma clase. Uno de ellos es el novato del lugar y el otro el inadaptado. Pero el amor por el Jazz les unirá.

Sin que suene a cursi, Sakamichi No Apollon es una delicia de principio a fin. La dirección de Sinichiro Watanabe es luminosa y dinámica, los momentos de los “conciertos” de jazz están llenos de dinamismo. Y la adaptación musical de Yoko Kanno es de primera.

Triangulos amorosos, familias rotas, amores imposibles, música, ritmo. Lo que podría ser un culebrón infumable se convierte en una pequeña joya de relojería donde uno se preocupa por los personajes y sufre cuando les ocurren reveses.

Pues eso, doce capítulos que se pasan como un suspiro.

 

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John Lunn. Downton Abbey. The Suite. 2010

¿Puedes conocer a una persona y quererla en solo 52 horas? Sí, claro.

¿Puedes conocer a más de veinte personas en 52 horas y preocuparte por TODAS ellas? Vale, sí, pero ya es más complicado. Sin embargo eso es lo que ha pasado con la serie Donwton Abbey.

Desde el sofá de mi casa, nos asomamos a las vidas de los Grantham, Crowley, Branson, Carson y muchos más personajes. Entramos sin permiso en sus casas, nos sentamos con ellos a copiosas cenas y les acompañamos a la cama cuando se iban a dormir.

En maratones intensivos que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada, nos involucramos con las historias de los nobles y sus criados, fuimos con ellos a través de la guerra y las penurias económicas, nos alegrábamos con sus historias de amor, yo simulaba que vomitaba cuando algo me parecía muy cursi y nos entristecían las muertes.

Es ridículo, es solo una serie de televisión, pero sin embargo para nosotros fueron de carne y hueso durante esas 52 horas. Hasta íbamos poniendo motes a los personajes: Nuestra Señora de Las Desgracias, Dientes de Rata, las alimañas, Mrs Tumting, el Estirado…

Ahora comienza la resaca, toda adicción conlleva su periodo de abstinencia. Con el tiempo llegarán nuevas series, puede que calen tanto o no, pero las sensaciones se mitigarán.

Gracias a Dios que existe el disco de John Lunn, sobre todo este hermoso tema de Donwton Abbey – The Suite, para hacernos sentir bajo los pies las alfombras, subir las escaleras que comunican las dependencias del servicio con la casa, pasear por esos verdes campos y echar leños al fuego de las chimeneas.

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The Barn

Noche de Halloween. 1989. Un grupo de jóvenes, en viaje hacia el concierto de su grupo favorito, hace noche ante las puertas de un granero, ignorando el terrible mal que mora en su interior.

Hay cintas que pintan bien como sinopsis y, sin embargo, la pelicula de Justin M. Seaman se pierde en el guion y la traslación a imagen. The Barn parte de una propuesta que se apunta a la moda retrochentera respecto a la historia y el tratamiento de la imagen, que tiene potencial y, sin embargo, el resultado es insatisfactorio.

¿Por dónde empezar? El protagonista afirma tener pánico a Halloween y, sin embargo, está obsesionado con la fiesta y plantea extrañas normas que no entienden ni los personajes ni el espectador; el concepto espacio temporal no acaba de funcionar, ya que afirman ir a un concierto y de vez en cuando hablan de ello sin darle mayor importancia. Aunque los efectos de maquillaje de los monstruos funcionan, si es cierto que dichos seres no acaban de encontrar su sitio en la película más allá que maten a todo el que se les ponga por delante. Los cameos de Linnea Quigley y Ari Lehman se agradecen aunque vaya personajes les han asignado.

Qué se puede rescatar en The Barn más allá de sus intenciones, que pase por los momentos típicos de este tipo de películas: la existencia de una vieja leyenda, la preparación de la batalla “final” y un epilogo previsible.

Buenas intenciones, mala resolución.

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