Lake Bodom Station

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En los años sesenta, un terrible asesinato acabó con la vida de cuatro campistas en el tranquilo lago Bodom. Nunca se resolvió el asesinato y Elias, obsesionado con el caso, decide llevar a cabo una reconstrucción para poner a prueba una teoría.

Las salpicaduras del Slasher llegan hasta Finlandia con la película de Taneli Mustonen, pero realmente la propuesta de Mustonen lo acerca más al cine extremo francés que al Slasher americano, debido al giro que tiene lugar a mitad de cinta, un giro bastante previsible, todo sea dicho.

Aunque Lake Bodom siga caminos trillados y se echa en falta algún elemento más que redondee la cinta, se deja ver gracias a la realización de Taneli Mustonen quien crea imágenes potentes y llenas de inquietud.

Pero a pesar de su corta duración que se pasa como un suspiro, se puede vivir sin haberla visto.

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Los alrededores de la estación de tren de Seul rebosan de gente que vive en la calle. Cuando un mendigo es atacado brutalmente, la inacción de la gente encargada dará pie a un brote zombi que pondrá en jaque  la ciudad. Cuando los ciudadanos de a pie se vean envueltos en el brote, es cuestión de correr o perder la vida.

La cinta de animación de Yeon Sang Ho complementa la cinta Train To Busan, del mismo director, ya que tiene lugar horas antes del inicio de esta. Al contrario de Train…, espectacular y luminosa pese a su tema, Yeson Sang Ho reincide en los temas que ya ha tratado en sus anteriores películas de animación como The Fake o The King Of Pigs: el retrato de una sociedad enferma y deshumanizada.

Al contrario que el reparto coral de Train To Busan, Seoul Station se centra en apenas cuatro personajes y los sigue durante una historia que no se detiene en ningún momento, tensa y repleta de violencia, pero que al mismo tiempo es un relato crudo y oscuro del ser humano.

Muy recomendable para ver en sesión doble con Train To Busan.

 

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Michael Kamen. The Dead Zone. Theme. 1983

Michael Kamen está al piano en su casa, buscando  inspiración para componer la música a la película Dead  Zone.

Es de noche y tiene las ventanas abiertas. Desde allí  puede ver el campo que rodea su casa. Sigue y sigue al  piano, repitiendo una y otra vez la misma melodía con  sus manos moviéndose sobre las teclas… Y de pronto  llaman al timbre.

¿Quién puede ser a esas horas?

Extrañado, abre la puerta y se encuentra a su vecino,  quien alterado le ruega que deje de tocar esa cantinela  porque ni él ni su familia pueden dormir porque esa  música les da miedo.

Michael Kamen supo que estaba en el camino correcto. Y  ese fue el origen de este tema.

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Falling Water T1

Los sueños son ese espacio único donde todos nuestros miedos y alegrías se ven reflejados, pero se ha desatado una guerra por controlarlos y un niño sin nombre es la pieza vital. Tres personas, desconocidas entre sí, se verán envueltas en un campo de batalla donde la realidad y lo onírico se confunden.

Falling Water, serie creada por Blacke Master y Henry Bromell, quien murió antes de verla reflejada en pantalla, es una apuesta arriesgada en estos tiempos que corren. Su baza es una historia criptica que se desarrolla con lentitud, a veces demasiada, en un ambiente frio y malsano que esconde con bastante inteligencia su escasez presupuestaria

Al igual que esa joya de la CF Hard que es The Expanse, Falling Water se toma su tiempo para colocar todas las piezas antes de encajar un puzzle que, aun con todo, resulta complicado. Y esto, para los espectadores acostumbrados a procedurales o series “faciles”, será todo un escollo.

Juan Carlos Fresnadillo es el encargado de dirigir el piloto y marcar el tono de la serie, acierta de pleno en recrear ambientes oníricos y ominosos, pero su estilo característico lastra el ritmo, un defecto que los siguientes directores se encargan de limar.

Master y Bromell juegan con el mundo de las sectas y los sueños, llenando la serie de ideas brillantes y caminos a explorar. Aunque solo sea por esto, Falling Water merece una oportunidad.

 

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Le Matos. Chronicles of the Wasteland/Turbo Kid. 58 Minutes Pour Vivre. 2015

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El dúo francocanadiense Le Matos ha sido el encargado de poner música a Turbo Kid, una película Canadiense que se apunta al revival del cine de los años ochenta. Aunque Turbo Kid como película no es nada del otro mundo, el trabajo de Le Matos si es algo que merezca la pena ser recordado.

La música del dúo retrotrae a los años ochenta y sus sintetizadores de segunda generación, a películas de serie B, a discoteca llena de cardados y luces de neón. John Carpenter, Vangelis, Goblin, Giorgio Moroder y muchas más influencias se aúnan para crear un disco que me resulta adictivo. Aunque su extensión es eterna y muchos de sus temas sobran por su escasa duración o por no aportar nada, el disco rebosa tema dignos de discoteca como este 58 Minutes Pour Vivre que me hacen bailar por casa cuando estoy solo.

PS: Si se lo contáis a alguien, mi maldición caerá sobre vosotros.

 

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The Eyes Of Jane Doe

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Para Austin y Tommy Tilden, padre e hijo que trabajan en la morgue del pueblo, la noche no ha hecho más que empezar: deben desentrañar los secretos del cuerpo de una joven, Jane Doe, que ha aparecido en el escenario de un asesinato múltiple.

Premio especial del Jurado Sitges 2016.

La segunda película del director André Ovredal, tras la muy entretenida Trollhunter, es una declaración de intenciones: atmosfera y personajes cuentan más que efectos especiales y golpes de sonido. En ese sentido, The Autopsy of Jane Doe es clásica, durante la primera mitad de la película se mueve prácticamente dentro de un único escenario, apoyado en las interpretaciones de Emile Hirsch, Brian Cox y Olwen Catherine Kelly como la inmóvil Jane Doe. Los descubrimientos que ambos forenses hacen con el cuerpo generan tensión e interés a partes iguales.

En su segunda mitad, cuando entramos de lleno en el elemento sobrenatural, la película desciende, pero no por el pulso del director, sino por la caída en escenarios ya comunes e, incluso, previsibles. La aparición de un cuarto personaje, siendo Jane Doe el tercero, quita parte de la fuerza conseguida hasta el momento.

Lo peor de la película es cierta frase que suelta un personaje secundario al principio de la cinta, que da la respuesta a una pregunta que aún no se ha formulado (¿Posible miedo a que el espectador abandone el visionado antes de tiempo?), pero por lo demás tenemos una buena película, muy disfrutable.

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Las visitas son malas, que se lo digan a Francisca cuya vida da un giro brutal tras la llegada de un desconocido a la granja en la que vive con sus padres.

La ópera prima de Nicolas Pesce pertenece a esas películas de pequeña producción hechas con mimo. Su propuesta estética, que se lleva gran parte de su encanto, remite a Repulsión de Roman Polanski o Psycho de Alfred Hitchcock: su uso tanto de los interiores como los exteriores, el elegante blanco y negro, la representación de la locura, pocos personajes, estallidos de tensión y violencia. Ya más cercana en el tiempo, recuerda bastante la película de Ana Lily Amirpour A Girl Walks Home Alone At Night, pero se diferencia de esta porque, al contrario que la cinta de Amirpour, rehuye cuaquier postureo y el discurso impostado.

Fragmentada en tres actos, la cámara sigue de forma objetiva la extraña vida de Francisca y unas acciones determinadas por la famosa llegada del desconocido, quien con un solo plano y una frase consigue crear gran inquietud. En ningún momento toma posición y su realización es pausada, lo que da más fuerza a la propuesta de lo narrado.

Como dije antes, película de bajo presupuesto pero repleta de interés a poco que uno le dé su oportunidad.

 

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Moon – Memories (Someone we’ll never know) – Clint Mansell

Viva el cine

Años atrás el estudiante de secundaria Tony Kanapes fue mordido por un disco de E.T. radioactivo, adquiriendo un oído especial para la música de cine y descubriendo que un gran poder conlleva gastarse demasiado dinero como coleccionista.

moon.jpgSam Bell mira desde su ventana en la Luna. Mira  hacia la Tierra mientras sueña con volver a pisar el suelo, a respirar aire puro, a sentir el sol sobre la piel.

En 2009. Duncan Jones mira por la ventana: sueña con Moon, su debut cinematográfico de bajo presupuesto pero alto contenido. Su película está llena de bondades, pero el mayor acierto fue el tener a Clint Mansell como compositor. Reconozco que el mundo musical de Mansell y el mío no suelen ser muy coincidentes. Pero este hermoso Memories (Someone We’ll Never Know) no se puede quitar de mi cabeza. Piano, sintetizador y violonchello que forman la ventana desde la que Sam…

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Sweet Vicious T1

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Bienvenidos a la universidad, aquí no falta de nada: animadoras, promesas deportivas, fraternidades y un enmascarado que se toma la justicia por su mano ante el silencio administrativo respecto a las violaciones que tienen lugar de forma continua.

La creación de Jennifer Kaytin Robinson para la cadena MTV es, a pesar de su oscuro tema, un gozoso placer culpable. Consigue rescatar el espíritu que caracterizaba el querido Sunnydale de Buffy The Vampire Slayer y trasladarlo al centro de un campus bastante pijo. Más o menos lo que intentó Howard Overman con Crazyhead y se quedó a medio camino.

¿Cuáles son sus bazas? Primero rescatar al justiciero de los ochenta, al estilo de las películas de Charles Bronson, y remozarlo para nuevos tiempos y cambio de género; sustituye la violenta ciudad por un “apacible” campus donde las agresiones sexuales están a la orden del día. Segundo, al contrario que en Crazyhead, existe química entre sus dos protagonistas, Eliza Bennet y Taylor Dearden, que “obliga” al espectador a involucrarse en lo que ocurre en pantalla. Tercero, es capaz de abordar temas con seriedad, pero sin perder su elemento lúdico.

Sí que es cierto que los primeros episodios gozan de una intensidad que tiende peligrosamente a la repetición de esquemas, pero Robinson consigue añadir distintas tramas y hace que la historia avance. Algo que llama la atención, y que también encontrábamos en Crazyhead, es la vuelta de tuerca a los roles: las mujeres son las “activas” mientras los hombres tienden, con la excepción del malo, a ser los “pasivos” y comparsas; es un elemento que añade cierta gracia a poco que uno se interese e involucre por la historia.

El capítulo final resulta poco agradecido y gratuito en relación a lo ocurrido anteriormente, pero tengamos en cuenta que la intención es cerrar tramas y preparar el camino a las nuevas. ¿Mantendrá Sweet Vicious el nivel? Es algo difícil porque el formato pedía una historia cerrada, pero habrá que darle un voto de confianza.

 

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